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Full text of "Margot : comedia lírica en tres actos"

t> í O-it 




LBNACIMIE-NTO 



Digitized by the Internet Archive 
¡n2013 



http://archive.org/details/margotcomedialir3439turi 



MARGOT 

COMEDIA LÍRICA EN TRES ACTOS 

Estrenada en el Teatro de la Zarzuela el 10 de Octubre de 1914. 



OBRAS DE G. MARTÍNEZ SIERRA 

EL POEMA DEL TRABAJO. DIÁLOGOS FANTÁSTICOS. 

FLORES DE ESCARCHA.— Segunda edición 3,50 

SOL DE LA TARDE.- Novelas.— Segunda edición 3,50 

LA CASA DE LA PRIMAVERA. — Poesías. — Segunda 

edición. ....,, , . . 3,50 

TU ERES LA PAZ.— Novela. — Tercera edición 3,50 

LA VIDA INQUIETA.— Glosario espiritual 3,50 

LA HUMILDE VERDAD.— Novela.— Segunda edición. . . 3,50 

LA HORA DEL DIABLO.— Novela. 3,50 

TEATRO 

TEATRO DE ENSUEÑO.— Segunda edición. ...... 3,50 

LA SOMBRA DEL PADRE. EL AMA DE LA CASA. 

HECHIZO DE AMOR.— Según da edición 3,50 

CANCIÓN DE CUNA. LIRIO ENTRE ESPINAS. EL IDEAL. 

Segunda edición 3,50 

PRIMAVERA EN OTOÑO 3,50 

MADAME PEPITA 3,50 

MAMA. EL ENAMORADO 3,50 

MADRIGAL . . . 3,50 

LOS PASTORES. JUVENTUD, DIVINO TESORO. SOLO 

PARA MUJERES 3,50 

LA MUJER DEL HÉROE. LA TIRANA 3,50 

EL PALACIO TRISTE 1 ,00 

MARGOT , 2,50 

OBRAS DE MAURICE MAETERLINCK 

TRADUCIDAS POK G. MARTÍNEZ SIERRA 
I.- LA PRINCESA M ALEN A. LA INTRUSA. LOS 

CIEGOS 3,50 

II.— PELEAS Y MELISANDA. ALADINA Y PALOMI- 

DES. INTERIOR. LA MUERTE DE TINTAGILES. 3,50 
III.— AGLA VENA Y SELISETA. ARIANA Y BARBA- 
AZUL. SOR BEATRIZ 3,50 

IV.— LA SABIDURÍA Y EL DESTINO. 3,50 

V.— EL TEMPLO SEPULTADO , . , ,. 3,50 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



(\0 



M ARGOT 



COMEDIA ÚRICA EN TRES ACTOS 



MÚSICA DE 



JOAQUÍN TURINA 




RENACIMIENTO 

MADRID BUENOS AIRES 

SAN MARCOS, 42 LIBERTAD, 172 

1914 



hstas ooras son propiedad de su autor, y nadie podrá, 
sin su permiso, reimprimirla ni representarla en España 
ni en los países con los cuales se hayan celebrado, ó se 
celebren en adelante, tratados internacionales de propie- 
dad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españoles son los encargados exclusivamente de 
conceder ó negar el permiso de representación y del co- 
bro de los derechos de propiedad. 

Droits de representaron, de traductlon et de reproduc- 
tion reserves pour íous les pays, y compris la Suéde, la 
Norvége et la Hollande. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



IMPRENTA RENACIMIENTO. — SAN MARCOS, 42. 



REPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



MARGOT Srta. Marco (M.). 

AMPARO . . . Leonis. 

LILY Haro. 

CELIA Nieto (R.). 

Doña María Josefa. . Romero. (S.) 

Doña Manuela Sra. Ortega. 

ALFONSA i c , c , 

AFRODITA I Srta.Suarez. 

Diana Raso. 

SEÑORITA 1. a Nieto (R.). 

ÍDEM 2. a . Marco (G.). 

ÍDEM 3. a : . Romero, 

Una gitana i T „ , 

UNA CANTAORA j 1 eI,aeche * 

UNA INGLESA García (P.). 

UNA FLAMENCA Raso. 

UNA MUCHACHA ........ Godoy. 

NIÑA 1 . a Juarigoitia. 

ÍDEM 2. a L . . . Sánchez. 

ÍDEM 3. a Iscar. 

JOSÉ MANUEL Sr. Parera. 

ANATOLIO Morales. 

EL PINTOR Agudo. 

UN RUSO Mareen. 

UN CABALLERO Meana. 

UN VIEJO BORRACHO Morales. 

ORION Galerón. 

SEÑORITO I.° ...< Mareen. 

ÍDEM 2.° Castañeda. 

ÍDEM 3.° Galerón. 

UN INGLÉS Loygorri. 

UN MUCHACHO. . . Sánchez. 

Caballeros, cocotas, vendedores, nazarenos, guardias, ingleses, 
franceses, gitanos, chiquillos. 

El primer acto en París; el segundo y tercero en Sevilla. 



671033 



ACTO PRIMERO 



Salón de un baile público en París. Al fondo gran puerta. A 
la izquierda bar mostrador, con mesitas y sillas para tomar 
refrescos. A la derecha mesitas y sillas. El centro de la esce- 
na queda libre, y al levantarse el telón está ocupado por nu- 
merosa concurrencia. Hombres, unos de frac y otros de smo- 
kin ; algunos de americana : son franceses, americanos del 
Norte y del Sur, españoles, ingleses, italianos, etc., y muje- 
res, casi todas francesas y todas vestidas con exageración, en 
trajes de noche y sombreros fantásticos, pero con el indu 
dable chic parisiense en medio de la extravagancia. Senta- 
das en las mesitas se ven también algunas americanas del 
Norte que se divierten contemplando á la concurrencia. Al 
levantarse el telón, todos bailan con entusiasmo un vals ele- 
gante. Entre la concurrencia circulan floristas, vendedores de 
postales, camareros del bar. Hay mucha luz, mucho ruido. 

Una pareja, en el centro, baila haciendo evoluciones com- 
plicadas. Los demás, dejándoles el paso libre, aplauden la 
elegancia de los bailadores. 



VOCES 



i Bravo, bravo, Lily! ¡Muy bien! ¡Así se baila! 

Sale del centro otra pareja que baila también primo- 
rosamente; la competencia enardece á los espec- 
tadores y aumenta el entusiasmo. 



10 G. MARTÍNEZ SIERRA 



VOCES 
¡Bravo, Celia! ¡Viva París! 



su 



Termina el vals. La concurrencia grita pidiendo * 
repetición; en vista de que la orquesta no repite, 
t/ C TTr. Se Üa dis * e '* a "do poco á poco, 
bale Margot. Tiene veinticinco años: es una pa- 
risiense bonita, simpática, vestida con buen gus- 
to y sencillez. s 



VOCES 

i\/i . n„ ¿I verla entrar. 

i Margot! ¡Margot! ¡Margot! 

M lZ°radn gm f e f a ° l moVÍmient ° <*«* Produce su 
entrada, saluda y sonríe. 

I^rgLtT^ Marg ° t! ¡QUe baÍl€ Marg ° t! íQue baiIe 

Margot, sin dejar de sonreír, hace un gracioso ges- 
to negándose á bailar. Varios caballeros se 
acercan á ella. 



\ MARGOT 

f M- ^ , Sonriendo. 

llNo, no, no! 

CABALLEROS 
Sí, sí, Margot. Conmigo, conmigo, conmigo. 



MARGOT 

Graciosa, pero resueltamente. 



No, no; hoy no bailo. 



MARGOT 



11 



UN CABALLERO MUY ELEGANTE 

Acercándose á su vez. 
¿Conmigo tampoco? 

MARGOT 

Sonriendo. 
Tampoco. 

CABALLERO 
Pero cpor qué? 

MARGOT 

Sonriendo siempre. 

Porque no... y, además, porque ya se acabó la 
música. 

En efecto, desde que ha cesado el vals, aunque la 
orquesta sigue sonando, y toda esta parte del diá- 
logo es recitado con música, las parejas que han 
bailado se dirigen en confusión al otro salón don- 
de suena con insistencia un timbre. Mientras se 
alejan, las floristas ofrecen flores á las señoras, 
que algunos caballeros compran. Todos pasan y 
van desapareciendo lentamente, mientras Margot 
habla con el Caballero. Celia, Lily y sus dos 
acompañantes, el Pintor y el Ruso, se dirigen 
á las mesas del bar y se sientan; un camarero 
sirve refrescos. 

CABALLERO 

Es cierto; pero puede volver á empezar* si us- 
ted lo desea. 



12 G. MARTÍNEZ SIERRA 

MARGOT 
No, no; de verdad, estoy cansada. 

CABALLERO 

Entonces, ¿me permitirá usted que le ofrezca una 
copa de champagne? 

MARGOT 
Gracias, no. 

CABALLERO 
¿Un refresco? 

MARGOT 
Tampoco: muchas gracias... 

CABALLERO 

Ofreciéndole el brazo. 

¿Quiere usted que demos una vuelta juntos? 

Margot, ya sin hablar, hace un gesto de negativa. 

¿Sabe usted, Margot, que voy sospechando que 
detrás de tanta negativa se esconde un miste rio? 

MARGOT 
¿Qué misterio va á haber? 



M ARGOT 13 



CABALLERO 



Eso usted lo sabrá y yo le respeto... Ya me lo 
contará usted, si tengo la suerte de que á usted le 
dé por decir que sí... cualquier día de éstos... Bue- 
nas noches y hasta la vista. 



MARGOT 
Buenas noches. 

El Caballero se aleja. Aquí cesa la música, 

HABLADO 

Margot mira de un lado para otro, como buscando 
á alguien. Lily y Celia, desde la mesa en que es- 
tán sentadas, la llaman. 

CELIA 
¡Margot! 

LILY 

Margot, ven aquí, Margot! 

Margot se dirige hacia ellas; pero en este momento 
Anatolio, hombre de unos cuarenta años, Vestido 
de americana, tipo perfecto del souteneur pari- 
siense, saliendo bruscamente por la izquierda, se 
acerca á ella y le corta el paso. 



ANATOLIO 

Deteniendo á Margot con cinismo. 
¿Por qué no has querido bailar? 



14 G. MARTÍNEZ SIERRA 

MARGOT 
Volviéndose con mal disimulado disgusto. 
Ah... ¿eres tú?... Creí que no habías venido,. 



ANATOLIO 
Y te alegrabas tanto, ¿verdad? 



C 



on cinismo. 



MARGOT 



Sonriendo. 



No he dicho eso... 



ANATOLIO 

Brutalmente. 

Contesta... ¿Por qué no has querido bailar? 

MARGOT 
¿No puedo estar cansada? 

ANATOLIO 

¡Como no lo estás...! 

Margot hace un gesto de resignación. 

¿Por qué has rechazado la invitación de ese ca- 
ballero? Es un americano... 



M ARGOT i 5 



Eso dicen. 



¡Y millonario! 



MARGOT 



ANATOLIO 



MARGOT 



¡Todos los americanos lo son, mientras no llega 
la hora de pagar! 

ANATOLIO 

Te advierto que he perdido en las carreras cua- 
trocientos francos... tú verás. 



MARGOT 

¡Déjame que siquiera una noche me divierta á 
mi gusto! 

ANATOLIO 
cA qué le llamas tú divertirte? 

MARGOT 

A esto. ¡A no bailar con nadie, á no beber, á 
hacerme la ilusión de que he venido aquí por mi 
voluntad, como si fuera una mujer honrada! 



16 G. MARTÍNEZ SIERRA 

ANATOLIO 
Viendo que ella mira de un lado para otro. 
¿Qué miras? i A quién estás buscando? 

MARGOT 
¡A nadie! 

ANATOLIO 
¡Es mentira! 

MARGOT 
¡Ojalá lo fuera! 



ANATOLIO 



Con ira. 



cQué dices? Te advierto que eso no... ¡amores, 
no! ¡Tú eres una romántica, y eso no, eso no...! 



MARGOT 
¡Déjame! 

ANATOLIO 
Por el ramo que ella lleva en la mano, 
i Quién te ha dado esas flores? 

MARGOT 

No me las ha dado nadie... las he comprado 
yo... me las ha regalado la florista... 



M ARGOT 17 



No es verdad... 



ANATOLIO 



MARGOT 






Desesperada. 

¡Déjame!... ¡Vete... sí... bailaré... beberé... haré 
lo que haga falta... tendrás tus cuatrocientos fran- 
cos... pero déjame ahora! 

Se aparta de él bruscamente y se acerca á las mesas 

donde están sus amigas. Anatolio desaparece por 

el lado opuesto. 
Lily, Celia y sus acompañantes reciben con alegría 

á Margot y hacen sitio para que se siente con 

ellos. 



MARGOT 
¡Buenas noches! 

CELIA 
¡Buenas noches, Margot! 

PINTOR 
¡Siéntese usted... aquí! 

MARGOT 
Gracias.., 



18 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



RUSO 

Ofreciendo á Margot una copa de champagne. 
Beba usted. 

Margot rechaza la copa con el gesto. 

ULY 

Ya no te esperábamos. ¿Cómo has venido tan 
tarde ? 

MARGOT 
He estado por ahí, dando vueltas. 

CELIA 
cSola? 

MARGOT 
Completamente sola. 

CELIA 

Riéndose estúpidamente. 
¡Pues te habrás divertido! 

MARGOT 

¡No lo sabes tú bien! Cuando está una sola e. 
cuando únicamente no puede pasarle á una nada 
desagradable... Además, yo no sé qué tiene París 



M ARGOT 19 



esta primavera... He llegado hasta el bosque... 
había un olor á acacias, á lilas, á tierra mojada... 
con el chaparrón que cayó al anochecer... se res- 
piraba tan á gusto bajo los árboles, en la obscu- 
ridad... 

CELIA 

Se ríe como una loca. 
jja, ja, ja! 

MARGOT 

Con un poco de asombro. 
¿De qué te ¡ríes? 

CELIA 
¡Tú estás enamorada! 

MARGOT 

cYo? 

CELIA 
O vas á enamorarte ahora mismo. 

MARGOT 
¡Ojalá! 



LILY 

Suspirando 



¡Ay, pues no sabes tú lo que es bueno! 



20 G. MARTÍNEZ SIERRA 



PINTOR 

¿Tan arrepentida estás de haberte enamora- 
do tú? 

LILY 

Muy seria. 

Yo es distinto, porque no lo tomo en serio... 



PINTOR 

Saludando con sorna. 
¡Tantísimas gracias! 

LILY 

Imperturbable. 

...Pero Margot es una romántica, y si se enamo- 
ra es capaz de todo... 

CELIA 
¿Por qué disputabas con Anatolio? 

MARGOT 

Tirando el ramo encima de la mesa. 
Por estas flores. 






CELIA 
¡Ja, ja, ja!... ¡Un ramo que no vale un franco! 



M ARGOT 21 



MARGOT 



Es que, por lo mismo que valen tan poco, se 
figura que me las tiene que haber regalado al- 
guien á quien yo quiera mucho. 



RUSO 

¿Ha quédelo usted alguna vez de veras, de 
veras? 

MARGOT 

Sonriendo. 

No he tenido ocasión... 



PINTOR 

¿Es posible? ¡Con esos labios rojos que tiene 
usted, que están pidiendo amor á voz en grito! 



MARGOT 

Con ironía un poco triste. 

Ahí verá usted... con estos labios .ojos. 

Se mira en el espejito de la pitillera que lleva en la 
mano y suspira sonriendo. 

¡Hasta ahora, á ninguno de los que se han acerca- 
do á besarlos se le ha ocurrido pedirme que le 
quiera! 



22 G. MARTÍNEZ SIERRA 



JOSÉ MANUEL 

Que, viniendo de la calle, se ha acercado al grupo, 
sin que reparen en él. 

Pues han sido todos unos imbéciles! 

José Manuel es un señorito andaluz de muy buena 
jamilia, naturalmente elegante y muy simpático. 
Viene de jrac. 



MARGOT 

Al oir la voz de José Manuel se vuelve un poco 
asustada, y, al verle junto 6 ella, se turba bas- 
tante. 



¡Eh! 



JOSÉ MANUEL 
Acercándose más á la mesa y saludando. 
Buenas noches, niñas. Muy buenas, señores. 



TODOS 



Menos Margot. 



¡Buenas noches, José Manuel! 



JOSÉ MANUEL 



Hagan ustedes el favor de presentarme á esta 
niña, que ha tenido la desgracia de no tratar mas 
que con hombres tontos... 



MARGOT 23 



CELIA 
Se ríe estúpidamente, como de costumbre. 
¡Ja, ja, ja! 

LILY 

Pero ¿no la conoce usted? ¡Es Margot! 

JOSÉ MANUEL 

¡Ah!... 

La mira lentamente de arriba abajo. 

¡Margot! 

Margot baja los ojos. 

CELIA 

Le parece á usted bonita, ceh? 

JOSÉ MANUEL 

Mucho más de lo que me figuraba, y eso que ya 
me figuraba bastante. 

MARGOT 
¿Por qué? 

JOSÉ MANUEL 
Por lo que me habían hablado de usted. 



24 G. MARTÍNEZ SIERRA 

MARGOT 
¿De mí? c Quién? 

CELIA 

Estúpidamente. 
¡Toma! Todo el mundo. 

MARGOT 

Con un poco de tristeza. 
Es verdad... todo el mundo... 

JOSÉ MANUEL 

Con galantería. 
En primer lugar, sus amigas de usted. 



LILY 



Y que se van ustedes á entender á las mil mara- 
villas, porque el señor 

Por José Manuel. 

es también atrozmente romántico. 



JOSÉ MANUEL 
¿Yo? No, por cierto. 



MARGOT 25 



MARGOT 
¿No es usted romántico, siendo español? 

JOSÉ MANUEL 
¿Cómo sabe usted que soy español? 

MARGOT 

Un poco confusa, por haberse descubierto, pero 
echándose á reir. 

Porque yo sí que le conozco á usted... 

Gesto de sorpresa de él. 

de vista nada más... ¿No va usted algunas ma- 
ñanas á Montmartre, á casa de un pintor argen- 
tino, que es amigo de usted?... Pues en la misma 
casa vivo yo, y algunos días le he visto á usted 
pasar, y, además, la modelo, que es amiga mía, 
me ha hablado de usted. 

JOSÉ MANUEL 
¿Y qué le ha dicho á usted? 

MARGOT 

Pues eso... que es usted español... y que un 
día que el argentino estaba borracho y quería ti- 
rarla por la ventana, usted la defendió... aunque 
también estaba usted un poquitillo... alegre. 

Vuelve á salir á escena mucha gente, y en el 
anuncio luminoso que hay en el jondo de la 
escena aparece la palabra «vals-». 



26 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



VOCES DEL CORO 

¡Vals! ¡Vals! ¡No, no! ¡Sí, sí! 

Varios concurrentes se acercan al grupo de Margot 
y sus amigos. 

UN CABALLERO 
Y ahora, ¿bailará usted, Margot? 



MARGOT 



Mirando á José Manuel. 



Ahora sí; bailaré, cantaré, lo que ustedes quie- 
ran... 

VARIOS 

i Bravo! ¡Bravo! ¡Viva Margot! 

OTROS 
¡Que cante! ¡Que cante! 



MÚSICA 
MARGOT 



¡ París está en medio del mundo 
como un corazón! 



Cantando. 






MARGOT 27 



Y llama á todos los hombres 

con el señuelo de amor. 

¡París exalta los sueños; 

París es beso y canción; 

París tiene una bandera: 

la locura de M'argot! 

¡Soy Margot, soy Margot, alma de París! 

¡El alma del mundo suspira por mí! 



CORO 



¡Oh, Margot! ¡Oh, Margot, alma de París! 
¡El alma del mundo suspira por ti! 



MARGOT 

¡Ay, Margot, rosa de Francia! 
¡Alma loca de París! 
Cuando tu risa se apague, 
¿quién se acordará de ti? 
¡La ilusión que tú encendiste 
para ti no brillará; 
el laurel que tú sembraste 
otro amor le cortará! 

¡Soy Margot, soy Margot, alma de París! 
¡El alma del mundo suspira por mí! 

CORO 

¡Oh, Margot! ¡Oh, Margot, alma de París! 
í El alma del mundo suspira por ti! 



MARGOT 
¡Soy Margot! 



28 G. MARTÍNEZ SIERRA 

HABLADO 

JOSÉ MANUEL 

Acercándose con entusiasmo á Margot en el mo- 
mento en que ella termina el couplet. 

¡Tiene usted razón, oh Margot! ¡Toda el alma 
embrujada de París la tiene usted dormida en 
esos ojos verdes! 

MARGOT 

Con coquetería. 

¿Le gustan á usted los ojos verdes? 

JOSÉ MANUEL 

Excitado. 

¡Me gusta la locura que prometen sus ojos de 
usted! 

MARGOT 

Sonriendo. 

¡Ah! 

Anatolio aparece por el jondo y, sin acercarse al 
grupo, llama á Margot imperiosamente. 

ANATOLIO 

De lejos. 
¡Margot! 

MARGOT 

Sin moverse, con tristeza resignada. 

¡Allá voy! ¡Hasta luego! 



MARGOT 29 



ANATOLIO 

Imperiosamente . 
¡Margad 

MARGOT 

Con ira triste. 
¡Allá voy! 

Al movimiento que hace para marcharse, deja caer 
el ramo que ha tenido en la mano mientras can- 
taba el couplet. 



JOSÉ MANUEL 

Recoge del suelo el ramo. 

Que pierde usted las flores. 

Al entregar las flores á Margot las huele un mo- 
mento. 

MARGOT 

¡Ah! 

Coge el ramo, 

¿Le gustan á usted las flores? 

JOSÉ MANUEL 
¡No ve usted que soy de la tierra de ellas! 

MARGOT 
¿Es verdad que España es como un jardín? 



30 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



JOSÉ MANUEL 
Toda España, no; pero mi tierra, sí. 

MARGOT 
¿Pues de dónde es usted? 



Sonriendo. 



De Sevilla. 



JOSÉ MANUEL 



MARGOT 



¡De Sevilla! ¡Como Carmen! 



JOSÉ MANUEL 



Sí, señora, como Carmen.. 



ANATOLIO 



¡Margot! 



Con admiración. 



Sonriendo. 



Ya jurioso. 



JOSÉ MANUEL 

C Quién es ese... caballero que se impacienta 
tanto porque usted hable conmigo? 



M ARGOT 31 



MARGOT 

Precipitadamente. 

Nadie... nadie... Es... Anatolio... Hasta luego... 
Ya voy! 

Se acerca apresuradamente á Anatolio y desapare- 
ce con él por el jondo. 



JOSÉ MANUEL 

Después de quedarse un momento mirándola se 
vuelve á los demás y pregunta. 

c Quién es ese hombre? 

LILY 
Es Anatolio. 

CELIA 
Eso es: Anatolio. 

JOSÉ MANUEL 

Bueno... cP ero Anatolio es su padre ó su her- 
mano ó su amante... ó qué? 

CELIA 
Es... el que... la protege... 



32 G. MARTÍNEZ SIERRA 



PINTOR 

Sí; y en pago de protegerla se gasta los cuartos 
que ella gana. 

CELIA 
Con cierta admiración estúpida hacia el souteneur. 

¡Ah, pero se ha pegado por ella muchísimas 
veces! 

RUSO 

Y la ha pegado á ella muchísimas más... 

JOSÉ MANUEL 

Con indignación. 
i A ella! 

RUSO 

Sonriendo. 

¡Qué quiere usted, amigo! Cosas de París. Es- 
tas niñas se ríen para sacarnos los cuartos á nos- 
otros... pobres extranjeros... 



CELIA 

Interrumpiéndole. 

¡Oye, tú! 

RUSO 

Imperturbable. 

... que lias adoramos, y lloran para dárselos á un 



MARGOT 33 



distinguidísimo compatriota suyo que no las quie- 
re... y á quien ellas no pueden ver ni en pintura... 
¡ Patriotismo ! 



LILY 

Levantándose. 
Bueno, cállate ya... 

Aparece en el cartel luminoso la palabra «.Interme- 
dio» y debajo un empleado del salón cuelga un 
cartel en el cual está escrito con letras rojas lo si- 
guiente: 

«¡El triunjo de Afrodita! Cuadro mitológico bur- 
lesco. Melodrama. Bailables. Cabalgata final y 
batalla de flores.» 

Los empleados del salón apartan á la gente 
para hacer sitio en el centro. 



EMPLEADO 

Paso, paso, señoras y caballeros... ¡Tengan la 
bondad de hacer sitio! 

Los concurrentes se retiran á un lado y otro del es- 
cenario, dejando libre el centro, y empieza el in- 
termedio. 

EL TRIUNFO DE AFRODITA 

CUADRO MiTOLOGICO- BURLESCO 

Personajes: Afrodita (Venus), Artemis (Diana), Orion, Eros 

(el Amor niño), Ninfas de Venus, Ninfas de Diana, Caza- 

dores acompañantes de Orion. 

Este melodrama es bujo, es decir, completa cari- 
catura. Hay que poner en la interpretación bur- 
lesca de su asunto la gracia tan viva y tan fran- 
cesa de las operetas buj ornitológicas, naturalmen- 
te con todo el refinamiento moderno, siendo, por 



34 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



decirlo así, burla de burla. Afrodita y Ariemis, 
vestidas con arreglo á los más auténticos mode 
los clásicos, han de ser en gestos, ademanes y 
palabras una «cocotie» y una reina de los mer- 
cados de París: pueblo y galantería un poco ro 
mántica y un poco canalla. Orion es un buen 
mozo, bastante bruto, buen muchacho, sensual, 
sanguíneo y sin complicaciones. Artemis es des- 
carada, y se pone en jarras material y moral- 
mente. Afrodita es bastante gata y esconde [as 
uñas para arañar mejor. Las respectivas ninfas, 
que no hablan, puesto que son bailarinas, y, na- 
turalmente, no hacen mas que bailar, están siem- 
pre, en el ritmo del baile y en la expresión del 
movimiento de acuerdo con fej espíritu de sus 
respectivas señoras. Los cazadores que acompa 
ñan á Orion se contentan con hacer mucho ruf- 
do y abrazar lo más fuerte y lo más á menudo 
que pueden á las lindas ninfas que se les ponen 
delante. 

MÚSICA 

Suena un aire de danza galante (más bien sensual) 
y aparece Afrodita rodeada de sus ninfas. Traen 
en las manos guirnaldas de rosas. En)tran á 
paso ligero, y mientras hacen unas breves evolu- 
ciones, Afrodita se adelanta y dice: 



AFRODITA 






Soy Afrodita, la diosa del amor, la más pari 
siense de las diosas, aunque me esté mal el decir 
lo: éstas son mis ninfas, y vamos vagando por los 
perfumados boscajes de Grecia, divirtiendo nues- 
tros ocios en suspirar ¡ay!, 

Todas las ninfas suspiran con ella, llevándose las 
manos al corazón. 

á la luz de la luna, mientras llega la hora de emplear 
los suspiros en algo más práctico. 



MARGOT 35 



Mientras aún está hablando, suena en ¡a música el 
silbido de una flecha, y una de las ninfas, lle- 
vándose ¡as manos al pecho, se desploma, herida. 

Sus compañeros la rodean precipitadamente y la 
sostienen. Afrodita se acerca á ella. 



AFRODITA 

¡Herida! ¿Herida? ¿ Quién ha disparado la flecha? 
Se oye dentro la risa musical é insolente de Diana. 



¡Ja, ja, ja! 



DIANA 



AFRODITA 



Dentro. 



Se vuelve airada hacia donde ha sonado la risa y 
dice con ira y desprecio: 

¡Ah! ¿Te ríes? ¿E^es tú? 

Aire de marcha severo, pero graciosamente femeni- 
no. Aparece Diana seguida por sus ninfas. Vie- 
nen Vestidas de blanco con el traje de la Diana 
cazadora del Louvre : carcaj, flechas, arco do- 
rado. 



DIANA 

Adelantándose hacia Afrodita con descaro un tanto 
canalla. 

Sí; soy yo, Artemis, por otro nombre Diana: Dio- 
sa de los bosques, de la caza, de la luna y de la 
castidad... 



36 j G. MARTÍNEZ SIERRA 



AFRODITA 

¡Ja, ja, ja! Selvática, lunática... y casta... ¡Ya 
no te falta mas que ser sufragista!... 



DIANA 

Más vale ser sufragista que... 

Mirándola de arriba abajo con desprecio. 
lo que tú eres... 

AFRODITA 

¡Ah! ¿Y qué soy yo, si se puede saber? 

DIANA 

Con desdén olímpico. 
¡La perdición de los hombres! 

AFRODITA 

¡Ja, ja, ja! ¡Poco á gusto que se pierden conmi- 
go los infelices!... Hija, el mundo se ha hecho para 
el amor, y todos tus alardes de virtud ridicula serán 
porque hasta ahora no has encontrado quien te diga: 
¡Buenos ojos tienes! 



DIANA 

Llena de ira. 



cA mí? 



MARGOT 



37 



AFRODITA 

Con desprecio. 

¡A ti! 

Las dos diosas están muy dispuestas á venir á tas 
manos y hasta se lanzan una contra otra. Agita- 
ción en la música, que se interrumpe con el gra- 
ve y pomposo sonar de las trompas de caza. Las 
diosas se separan y Ajrodita se arregla la ropa 
apresuradamente. 



DIANA 

Escuchando las trompas. 
Cazadores se acercan! 



AFRODITA 



Mirando al jondo. 



Es Orion: el más valiente y el mejor mozo de 
todos los buenos mozos de Grecia... 



A sus ninfas, 



Niñas, preparad vuestras rosas! 



DIANA 

Hombres? ¡Horror! ¡Atrás, compañeras! 

Las ninjas de Diana se apartan á un lado; las de 
Ajrodita avanzan. Diana y Ajrodita quedan cada 
una á un lado de la escena en actitud de expec- 
tación : Ajrodita toda sonrisas, Diana toda des- 
denes. 
Vuelve á sonar más cerca el canto de caza, y apa- 
rece Orion, buen mozo, vestido con el traje tra- 
dicional de Hércules, piel de león ó de pantera y 



38 G. MARTÍNEZ SIERRA 



maza. Es bastante jatuo, y adelanta sin hablar 
palabra hacia el proscenio, lanzando á un lado y 
otro miradas asesinas. 
Ájrodita, mirándole, se acerca á él insidiosamente, 
y bailando en torno suyo (aire galante) volup- 
tuosamente, le rodea con su guirnalda de rosas; 
él la mira y se deja hacer con un poco de orgullo 
satisjecho; pero en este momento Diana, que 
contempla el grupo con aire de desprecio, se ríe 
con burla. 



DIANA 
¡Ja, ja, ja! 

Orion, al oir la risa, vuelve los ojos hacia Diana y 
se enamora de ella á primera vista, sencillamen- 
te porque se ríe de él. Rechazando á Ájrodita, 
que le persigue, se acerca á Diana y se arrodilla 
ante ella implorando su amor. Diana le rechaza 
con un gesto solemne y se aleja; él la persigue, 
pero al llegar al jondo, ella hace un gesto de 
desprecio definitivo y él se queda con la boca 
abierta. Ella desaparece. Durante todo este tiem- 
po, los compañeros de Orion, que se habían de- 
jado prender muy á gusto por las redes de las 
ninjas de Ájrodita, siguen á su debido tiempo 
el movimiento de Orion, y abandonando á sus 
amigas un instante, van tras las ninjas de Dia- 
na y desaparecen, persiguiéndolas; todo esto es 
un baile secundario y en el jondo mientras las 
figuras principales, Ájrodita, Diana y Orion ha- 
cen su escena en primer término. Orion, recha- 
zado por Diana, se desespera solo. Ájrodita se 
le acerca; él la rechaza, pero él insiste con galan- 
tería y le habla. 



AFRODITA 

¿Te desesperas porque te ha rechazado? ¡Yo te 
vengaré! 

Orion la mira con sorpresa como preguntándole: 
¿Tú? 



MARGOT 39 



Sí, yo... Fía en mí: yo haré que se enamore de ti 
esa cazadora ridicula, y podrás darte el gusto de 
desdeñarla tú... 

El vuelve á interrogar con los ojos. 

Ya verás cómo. ¡Déjame á mí! 

Da tres palmadas. 

¡Eras, hijo mío! ¿Dónde estás? ¡Ven, tu madre te 
llama para vengar un agravio de amor I 

Música suave. Aparece, si es posible con magia, 
Eros, el Amor niño, en su traje tradicional. Afro- 
dita le coge de la mano y le lleva hacia Orion. 

Hijo mío, aquí tienes a este pobre héroe, terror 
de las fieras del bosque, desesperado porque una 
sufragista le desprecia. ¡Véngale! ¡Véngale como 
tú sabes vengar! 

Eros hace un gesto de asentimiento. 

Ven; 

A Orion. 

dejémosle solo, que él se basta y se sobra para ha- 
cer mal y daño. 

Ajrodita sale llevándose á Orion. 

Cambia la luz y hay un efecto de claro de luna. 
Eros, después de mirar en un ligero paso de 
danza de un lado para otro, se tiende en el sue- 
lo, fingiendo dormir; las ninjas de Ajrodita pa- 
san junto á él y le cubren con sus guirnaldas de 
flores; después se retiran. En la música hay un 
gracioso cantar de cuna, con coro interior de 
voces, que cantan quedo como si durmiesen á 
un niño. Pasado un instante, vuelve á entrar 
Diana seguida de sus ninjas; descubre al niño 
y se inclina á mirarle. Eros se despierta, se in- 
corpora y sonríe; Diana y sus ninjas le rodean y 
le acarician; él se levanta y va de una en otra. 



40 G. MARTÍNEZ SIERRA 



(Bailable.) Cuando llega á los brazos de Diana 
saca una flecha de oro, la hiere y huye. Diana 
cae desplomada en brazos de sus ninjas; luego 
se aparta de ellas y va de un lado para otro, 
agitada por la furia de amor, naturalmente en 
caricatura. 



DIANA 

¡Ah! ¡Me ha herido! ¿Qué siento? ¿Es fuego? 
¿Es llama? ¡Es amor! ¡Amor, amor, amor! ¡No- 
che, luna, cielos, dadme un hombre, un hombre á 



Aparece Orion. Diana se precipita hacía él con los 
brazos abiertos, le suplica, le acaricia, le hala- 
ga ; pero Orion, frescamente, permanece cruzado 
de brazos, dándose el gusto de fingir que des- 
deña á la desesperada y casta diosa. Diana se 
desespera. Sale Afrodita, seguida por sus nin- 
jas, y, acercándose á Orion, le abraza y baila 
con él. Diana quiere disputársele, pero Ajrodita 
vence y se lleva un poco aparte al afortunado y 
disputado héroe. Afrodita abraza á Orion, desa- 
fiando á Diana. Diana, furiosa, lanza una flecha 
contra Afrodita, pero ésta se aparta con una rá- 
pida vuelta de vals y la flecha hiere á Orion, 
que cae en el suelo. Afrodita se ríe satisfecha y 
dice. 



AFRODITA 

¡Ja, ja, ja! ¡Muerto! Dos pájaros de un tiro. Con 
eso estoy vengada de tu desdén 

Por Orion. 

y de tu desprecio. ¡Triunfo como siempre! 

Diana, con todas sus ninfas, que acuden, se arroja 
sobre el cuerpo de Orion .Afrodita y sus ninfas 
bailan regocijadamente un instante para cele- 
brar el triunfo. Aparece un carro de triunfo (la 



M ARGOT 41 



tradicional concha de Venus) ; Afrodita sube á 
él, Eros la acompaña, las ninfas rodean el carro, 
que hace su salida triunfal entre los gritos y acla- 
maciones de la concurrencia del «.music-hall». 
Eros va tirando flechas de papel dorado y flores, 
que caen entre la concurrencia; las ninfas las ti- 
ran también. Diana y sus ninfas siguen al carro 
como cautivas. Los concurrentes gritan, se dis- 
putan las flores y las flechas, se abrazan. Gran 
ruido. 



VOCES 



¡Triunfó Afrodita! ¡Viva el amor! ¡Viva! ¡Viva! 
Hurra, Afrodita! ¡Viva el amor! 

Margot, que durante la feerie ha estado mezclada 
con la concurrencia, se aparta bruscamente del 
lado de Anatolio y, acercándose á José Manuel, 
grita también. 



MARGOT 
¡Viva el amor! 



JOSÉ MANUEL 



¡Viva Margot, que es todo el amor! 



Abrazándola. 



MARGOT 

Con apasionamiento. 
¿Me quieres? 

JOSÉ MANUEL 

¡Te voy á querer más que á mi vida! 



42 G. MARTÍNEZ SIERRA 



Al terminar la cabalgata, todos los concurrentes 
se precipitan rodeando los carros, que dan una ó 
dos vueltas por la escena. Las ninjas que van en 
el carro de Ájrodita, tiran flores y flechas de pa- 
pel dorado. De un lado á otro de la escena, los 
concurrentes tiran flores también, serpentinas, 
globos, eci. Algunos corren tras los globos, los 
alcanzan y los hacen estallar; todos hacen mu- 
chísimo ruido gritando y abrazándose; unos bai- 
lan en los lados de la escena, otros intentan su- 
birse al carro. 



VOCES DIVERSAS 
¡Viva el amor! ¡Viva Afrodita! ¡Viva París! 

HABLADO 

MARGOT 

Llega corriendo desde un extremo de la escena y se 
arroja en brazos de José Manuel. 

¡Viva el amor! 

JOSÉ MANUEL 

Abrazándola. 

¡Viva Margot, que es todo el amor! 

MARGOT 

Riéndose para disimular la emoción. 
¿Me vas á querer? 



M ARGOT 43 



JOSÉ MANUEL 

¡Te voy á querer más que á mi vida! 

Se cogen y empiezan á dar vueltas bailando. En 
este momento aparece Anatolio, que se acerca á 
ellos jurioso y los separa empujando brutalmen- 
te á Margot. 

ANATOLIO 

Brutalmente. 
¡A casa ahora mismo! 

JOSÉ MANUEL 

Con asombro é indignación. 

cEh? 

MARGOT 

Con terror. 
¡Anatolio! 

ANATOLIO 

Sacudiéndola brutalmente del brazo. 
¡Ya lo has oído!... ¡Andando! 



JOSÉ MANUEL 

Con ira. 
Usted me explicará... 



ANATOLIO 

Queriendo arrastrar á Margot. 

No tengo nada que explicarle á usted: esta mu" 
jer es mía y hago lo que me parece. 



44 G. MARTÍNEZ SIERRA 

Da media vuelta para marcharse. A Margot. 
¡Andando, tú! 

JOSÉ MANUEL 

Furioso, cogiéndole por las solapas y zarandeándole. 

¡Una mujer no es nunca de nadie! ¿Lo oye us- 
ted? De nadie... ¡Y mucho menos ésta! ¿Lo ha en- 
tendido usted bien?... ¡j' menos de un canalla como 
usted...! Y no se vuelva usted á acercar a ella, 
porque donde esté ella me encuentra usted á mí... 
y yo sé dónde tengo la mano derecha... ¡Largo de 
aquí! 

Le da un empujón violento que le tira rodando por 
el suelo; todos los concurrentes dan un grito. 



Ah! 



VOCES 



ANATOLIO 



Levantándose maltrecho y cobarde, mira con ren- 
cor á José Manuel, que á su vez le mira con se- 
renidad, y después de un momento se aleja, 
amenazando á Margot. 

¡Esta me la debes, pero me la pagas, niña de mi 
alma ! 



JOSÉ MANUEL 



Con empaque. 



¡Todas las deudas de esta señorita, de aquí en 
adelante 'las pago yo... 



MARGOT 4Ó 



Con enjado. 

¡Y quítese usted pronto de en medio, si no quiere 
usted empezar á cobrar ahora mismo í 

Anaíoiio se aleja. Los concurrentes aplauden y gri- 
tan. Las mujeres rodean á Margot, que, atemo- 
rizada, se ha dejado caer en una silla. 



TODOS 
i Bravo í ¡Bravo! ¡Muy bien! 

JOSÉ MANUEL 

Sonriendo y saludando con broma simpática. 

Señoras y caballeros, ¡aquí no ha pasado nada! 
¡Muy buenas noches! 

Se acerca á Margot. Los demás se van alejando poco 
á poco. 

Y ahora, Margot, si quiere usted hacerme el honor 
de aceptar mi brazo, saldremos juntos. 

MARGOT 

Con asombro y duda. 

Pero... ¿de veras quiere usted venir conmigo? 
JOSÉ MANUEL 



¡Hasta el fin del mundo, si usted no tiene in- 
conveniente! 



46 G. MARTÍNEZ SIERRA 

MARGOT 
Es que él estará ahí... en la puerta esperando... 

JOSÉ MANUEL 

¡No me haga usted la ofensa de tener miedo á 
nadie yendo yo con usted! 



MARGOT 
¡Oh, gracias, gracias! 

JOSÉ MANUEL 
No hay de qué... 

MARGOT 



Con efusión. 



Sonriendo. 



Exaltándose. 



¡Sí hay de qué! ¡Sí hay de qué! íú no sabes lo 
que esto es para mí... Eres el pri/ner hombre que 
me defiende, que se acerca á mí con nobleza... 
como si yo no fuera yo... Todos me han desprecia- 
do, todos me han ofendido... y tú no, t'i no... 
¡Esto jque haces tú no lo hubiera hecho por mí 
ningún hombre en el mundo! 



JOSÉ MANUEL 

Sonriendo. 

Perdón... Esto en mi tierra ío hace cualquier 
hombre por cualquier mujer. 



MARGOT 47 



MARGO! 
¡Entonces tu tierra es el paraíso de las mujeres! 



JOSÉ MANUEL 

Sonriendo. 



¡En cambio, París es el paraíso de los hombres! 



MÚSICA 
MARGOT 



Con exaltación . 



¡España, España, país de ensueño., tierra de 
cielo azul y de sol radiante. ! ¡Tierra donde los 
hombres saben querer...! ¡Tierri donde el amor 
es fuego y locura...! 

JOSÉ MANUEL 

¡Oh, París, París, jardín de placeres...' ¡Ciudad 
de noches locas...! ¡Donde las mujeres saben be- 
sar...! ¡Donde el amor es risa y canción...! 

MARGOT 

¡Ah,.si mi amor pudiera ser tu amor... rojo corno 
clavel de España...! 

JOSÉ MANUEL 

¡Margot, flor de París, me has prendido en tus 
ojos verdes como el ajenjo...! ¡Dame en tu amor 



48 G. MARTÍNEZ SIERRA 



la ilusión perfumada... perversa como tú...! ¡Can - 
ta, ríe, miente para mí...! 



MARGOT 



¡Oh, tú que has venido de lejos...! ¡Te amo de- 
masiado para mentirte amor...! 



JOSÉ MANUEL 

¡Adoro la mentira de tus labios, pintados de 
carmín para besar mejor...! ¡Seas como seas, te 
quiero, te quiero! 

MARGOT 

¡Tu amor es la única verdad de mi vida...! Por 
ser como eres, ¡te quiero, te quiero...! 

Pasa cantando un grupo de los concurrentes al bai- 
le, que se retiran. Atraviesan la sala hombres y 
mujeres, dándose el brazo ó cogidos por la cintu- 
ra. Van un poco borrachos. 



CORO 

¡El amor pasa riendo...! 
¡La noche, qué obscura está! 
¡ Bésame y no me preguntes 
si es mentira ó es verdad! 
El amor pasa riendo... 

cQué más da? 
¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! 

Salen y desaparecen 



MARGOT 49 



MARGOT 
¡He dado tantos besos sin amor! 

JOSÉ MANUEL 
¡He buscado tu amor en tantos besos! 

MARGOT 
¡Pero has venido al fin! 

JOSÉ MANUEL 
¡Pero al fin te encontré! 

JOSÉ MANUEL Y MARGOT 

A brozándose. 

¡Y el amor es nuestro!... ¡Y el placer nos llama!... 
¡Y la noche, la embriagante noche, la noche per- 
fumada de Parí?, cubre con su locura nuestro amor! 

Mientras se abrazan con apasionamiento, salen 
Lily, Celia y sus acompañantes, y se quedan 
mirándolos. Van á llamar á M argot, pero se 
arrepienten, y por fin pasan de largo. Cantan 
desde un rincón de la escena en tono quedo y 
misterioso, como si temieran despertar á un niño. 

CELIA, LILY Y SUS ACOMPAÑANTES 

Cantando. 
¡Es Margot! fEs Margot! 

4 



50 G. MARTÍNEZ SIERRA 

¿La llamamos? ¿Le decimos que se venga con nos- 
¡ No, nono! [otros? 

¡Silencio! Silencio!... Pasemos de largo... 
¡ Margot ha encontrado el amor ! 
El amor es niño: 
cuando besa, muerde, 
j; Cuidado, Margot! 
¡Silencio! Silencio!... Pasemos de largo... 
¡Margot ha encontrado el amor! 

Salen de puntillas y desaparecen. 



MARGOT 

Después que ellos han salido, en explosión di 
amor, y exaltadísimamente. 

¡Sí! ¡Margot ha encontrado el amor! 



TELÓN RÁPIDO 



ACTO SEGUNDO 



CUADRO PRIMERO 



Patio andaluz, en una casa rica y noble. Fuente central ro- 
deada por palmeras, naranjos y macizos de flores. Galería 
con arcos al fondo y á la izquierda. A la derecha la cancela 
que da á la calle. Galería también en el piso alto. Piso de 
azulejo morisco. Muebles elegantes, antiguos y modernos. 
Cuadros en las paredes. Algunas puertas. Al fondo una reja 
por la cual se ve un frondoso jardín de cedros y magnolias. 
Del piso alto caen enredaderas floridas. 

Al levantarse el telón, Amparo (diez y nueve años), bo- 
nita, elegante, fina, morena y con ojos garzos, está en esce- 
na rodeada por unas cuantas chiquillas pobres, á las cuales 
reparte prendas de ropa que va sacando de un cestillo que 
hay sobre una mesita. Las chiquillas hablan con zalamería 
aduladora, propia de la clase baja andaluza. Amparo habla 
con viveza y donaire y ligerísimo acento sevillano. 



AMPARO 
Dando un pañuelo á la chiquilla primera. 

Toma tú. 

CHIQUILLA PRIMERA 
¡Un pañuelo na más me das té, señita Amparo! 



52 g. MARTÍNEZ SIERRA 



AMPARO 

¡Y es mucho dar! ¿ Cuántos días has ido á la es- 
cuela esta semana? 



CHIQUILLA PRIMERA 

Mintiendo para disculparse. 

Tres na más, señita; pero es que mi papá está 
sin trabajo, y mi mamá tuvo que ir á asistir, y mi 
hermanito el chico, como entavia no anda... 



AMPARO 

Interrumpiéndola 

Y tu hermanita la grande, como corre más de lo 
que debe... 

CHIQUILLA PRIMERA 

Con zalamería. 
¡Ay, señita Amparo, déme osté esa blusa! 

AMPARO 

No puede ser. Para ganarse una blusa hay que 
haber ido á la escuela todos los días... y es menes- 
ter llevar las uñas limpias. 

La chiquilla esconde las manos, pero sigue ro- 
gando. 



MARGOT 53 



CHIQUILLA SEGUNDA 
Déme osté á mí una farda, señita Amparo... 

AMPARO 

En cuanto que te cosas la que llevas puesta. ¿No 
te da vergüenza, con los años que tienes, ir así por 
la calle? 

CHIQUILLA SEGUNDA 

¡Si es que está pasaíta der to, señita Amparo, y 
no sirve de na recoserla...! 

CHIQUILLA TERCERA 

Adelantándose con unas cuantas rosas en la mano. 

¡Misté qué rosas tan presiosas le traigo á osté yo, 
señita Amparo! 

AMPARO 

C Quién te las ha dado? 

La chiquilla se asusta. 
¿De dónde las has cogido? 



Con severidad. 



CHIQUILLA TERCERA 



Sin atreverse & negar el delito, pero queriendo re- 
partir la responsabilidad y justificarse. 

Las habernos cortao ésta y yo 



54 G. MARTÍNEZ SIERRA 



Señalando á la chiquilla 4. a 

del jardín de ahí junto... pero corgaban por la par- 
te de afuera de la tapia... 



AMPARO 

Muy seria. 

Pues ahora mismo las vais á devolver. 



CHIQUILLA TERCERA 
¡Señita Amparo! 

AMPARO 
Flores robadas... ¡valiente regalo! Anda, anda.., 



CHIQUILLA TERCERA 

Sin moverse. 

Es que si voy y digo que las habernos cortao, el 
amo del jardín... 

AMPARO 

Interrumpiéndola. 

cTe dará un coscorrón?... Y lo tendrás bien me- 
íecido. Anda, anda... 

Van á salir las chiquillas tercera y cuarta, pero 
Amparo detiene á esta última. 

Ven acá tú. Ayer mañana estabas en el Patio de 



MARGOT 55 



los Naranjos pidiendo limosna á unos caballeros. 
¿No se te cae la cara de bochorno? 



CHIQUILLA CUARTA 

Muy convencida. 
¡Eran ingleses! 

AMPARO 

¡Mas que fueran chinos! La limosna es para los 
pobrecitos que no pueden valerse... cP ara qué 
quieres tú la limosna? ¡Para comprar confites! 

CHIQUILLA GUARTA 

4 

No, señita Amparo... que to lo que saco se lo 
doy á mi pobre sita agüela. 

AMPARO 
Que se lo gasta en aguardiente, ¿no? 

CHIQUILLA GUARTA 
¿Y no me dasté na? 

AMPARO 

Dándole dinero. 
Toma y vete ya... 



56 G. MARTÍNEZ SIERRA 

Reparte prendas de ropa entre otras cuantas chí- 
quillas. 

Toma tú... y tú, 

A una que está en un rincón, sin decir nada. 

entra en la cocina, que te den un plato de sopa, 

A otra. 

y tú entra también á lavarte esa cara y esas manos, 
que da asco verte. ¿No hay agua en tu casa? An- 
dando todas, y á ver si la semana que viene tengo 
mejor suerte. 

UNA CHIQUILLA 

Muchas grasias, señita Amparo. 

OTRA 

Dios se lo pague á osté, señita Amparo. 

Le besa la mano. 

AMPARO 

Largo, largo, que me llenáis de babas. 

Las chiquillas desaparecen. Amparo se lava las 
manos en la juente y se seca con el pañuelo. 
Mientras las chiquillas Van desapareciendo sale 
doña Manuela (sesenta años), viejecilla com- 
puesta y viva, con el pelo blanco, vestida de 
negro. Trae una regadera pequeña, unas tijeras 
y un cestillo y empieza á regar y cuidar los 
tiestos, echando las ííojas secas que corta en el 
cestillo muy pulcramente. Una de las chiquillas 
la tropieza al salir y ella se indigna. 



MARGOT 57 



DONA MANUELA 
¡Demonio de arrapiezo! 



A Amparo. 



Niña, ¿qué gusto le sacas á ocuparte de estos ene- 
migos tan sucios y tan mal educados? 



AMPARO 



El mismo que tú á cuidar tus macetas. Estas chi" 
quillas son mis flores, chacha. 



DONA MANUELA 

ij'Ay, niña, no compares mis rosas, que huelen á 
gloria, con esas arrastradas que no quiero decir á 
lo que huelen! 

Amparo se ríe. Aparece doña María Josefa (se- 
senta y cinco años), viejecita un poco más aca- 
bada que doña Manuela. Viene también Ves- 
tida de negro, pero de seda y con cofia de en- 
caje sobre el cabello blanco. Trae dos jaulas con 
pájaros en las manos. Entra detrás de ella Al- 
jonsa (cuarenta años), criada distinguida; trae 
otras dos jaulas en las manos. 



DONA MARÍA JOSEFA 

Trae acá los canarios. 

Aljonsa deja las jaulas sobre un poyo de piedra. 
¡No los dejes ahí, que les da el sol! 



58 G. MARTÍNEZ SIERRA 



Levantando en alto una de las jaulas y hablando 
al pájaro con el mismo cariño que si juera un 
niño. 

¡Ven acá tú, primor, alma mía! ¡Ven á la sombra 
de la palmera! 

Coloca el pájaro en la sombra y habla con otro. 

C Quién te quiere á ti? 

Mirando con susto á otra de las jaulas. 

¡Ay, Jesús bendito! ¡Este está entristecido! ¡A ver 
si tienes tú granillo! 

Saca el pájaro de la jaula y le examina atenta- 
mente. 

¿No lo dije? 

A Aljonsa. 

¡Trae una aguja y una gota de aceite, que le voy á 
curar! 

ALFONSA 

Dirigiéndose á la puerta. 
Sí, que no se malogre. 

DOÑA MARÍA JOSEFA 
¿Qué vas ahí murmurando? 

ALFONSA 

Na, señora, £qué vi á murmura? Lo que hase 
la señora, bien hecho está... pero ¿no es cargo de 
consiensia gasta tanto queré en los animales? 



MARGOT 59 



DONA MARÍA JOSEFA 

Será menester ser como tú, que no quieres á 
nadie. 

ALFONSA 

Con zalamería, acercándose á Amparo. 

Yo quiero á quien se lo merese... ¡Quiero á mi 
niña de mi arma porque es la más bonita der mun- 
do ¡y porque la he c.iao á mis pechos...! ¡Ay, qué 
suerte, pero qué suerte tan grande tié el hombre 
que te ha sabio camela! ¡Si hay que comérsela, 
hay que comérsela! 

La abraza apasionadamente. 



AMPARO 

Apartándola. 

¡Bueno, déjame ya, que me estás arrugando el 
vestido, y cuando venga ese hombre con tanta 
suerte me va á encontrar muy fea! 



ALFONSA 

Celebrando estrepitosamente la gracia. 
¡Ay, qué retésala la ha hecho Dios! 

DOÑA MARÍA JOSEFA 

Impaciente. 

(Me traes la aguja ó no me traes la aguja? 



60 G. MARTÍNEZ SIERRA 

ALFONSA 
Volandito, señora. 

Desde la puerta aún se vuelve á tirar besos á Am- 
paro. 

DOÑA MARÍA JOSEFA 
Está loca del todo. 

AMPARO 

Con cariño. 
Me quiere mucho. 

DOÑA MARÍA JOSEFA 

Como si la hubiesen ofendido personalmente. 

¡Podía no quererte!... Pero hay quien te quiere 
muchísimo más que ella... 

AMPARO 

Acercándose con zalamería. 
¿Mi abuela, verdad? 

Doña Manuela mira con celos á Amparo y á doña 
María Josefa y, dejando sus flores, se acerca 6 
ellas poco á poco. 

DOÑA MARÍA JOSEFA 

Sí, señora; tu abuela, para que lo sepas... tu abue- 
la, que te quiere más que nadie en el mundo. 



M ARGOT 61 



AMPARO 
Riéndose para hacer rabiar á su abuela. 

¡Más que nadie puede que me quieras, pero más 
que á nadie, no! 

DOÑA MARÍA JOSEFA 

Muy ojendida. 

¿Por qué dices eso? 

AMPARO 

Sonriendo. 

Porque mucho más que á mí quieres á José Ma- 
nuel... 

DOÑA MARÍA JOSEFA 

¡Angela María! 

AMPARO 

Sí, señora, sí... muchísimo más... le quieres más 
á él /porque es hombre y porque te ha dado mu- 
chísimos más disgustos que yo... 

Se ríe. 

DOÑA MANUELA 

Interviniendo. 
Tiene razón la niña, sí, señora. 

A Amparo. 

¡A ti, quien te quiere más que á nadie es tu chacha, 
que no tiene en el mundo á nadie mas que á ti! 



62 G. MARTÍNEZ SIERRA 

AMPARO 

Complacida y riéndose. 
¡Ja, ja, ja! ¡Lo echaremos á cara y cruz! 

DOÑA MARÍA JOSEFA 

¡No te rías, niña! 

Muy seria. 

Yo te quiero á ti, y quiero á José Manuel. Los dos 
sois mis nietos, hijos de mis hijos... A él le vive su 
padre: tú eres huérfana: te quiero más á ti. El es 
más desgraciado, porque su padre, con su mala 
cabeza, le ha gastado toda la fortuna y le ha hecho 
pobre después de haberle criado para rico: á él 
le tengo más compasión. Los dos sois mi sangre, 
mi nombre y mi casta. Cuando ustedes se casen 
se juntará en ustedes todo lo que he querido en el 
mundo... les quiero á los dos, pero es muy distin- 
to... ya ves tú... Si tú no le quisieras á él, para mí 
seguirías siendo tú lo mismo; pero si él se portara 
mal contigo, no sé si le podría volver á mirar á la 
cara. 

ALFONSA 

Que vuelve con la aguja y una jicara de aceite. 

C Portarse mal José Manuel con mi niña? ¡Ha- 
bría que verlo! ¡Conmigo se las tendría que en- 
tender! 

DOÑA MANUELA 

Con celos de cariño. 
¡No sabe él todo lo que se lleva! 



MARGOT 



63 



ALFONSA 

¡Digo: buena, bonita... y lo demás! 

Haciendo ademán de contar dinero. 

DOÑA MARÍA JOSEFA 

Enfadada. 

¡No sé quién te da á ti vela en este entierro! 

ALFONSA 

Muy digna. 

¡A ver si no me va á importar la felicidad de mi 
niña, después que la he criao á mis pechos! 

DOÑA MARÍA JOSEFA 
Ya lo sabemos: tu cuenta te ha traído criarla. 

ALFONSA 

¡Ay, Jesús bendito! ¡Ni que hubiera yo venío á 
esta casa por el interés! 

AMPARO 

Muy divertida con la riña. 
íNo riñan ustedes, que no hay porqué. 

Con gracejo. 



64 G. MARTÍNEZ SIERRA 

Todas me quieren ustedes á mí, yo quiero á José 
Manuel, José Manuel me quiere á mí, ustedes le 
quieren á él, yo les quiero á ustedes. ¡A ver qué 
más le vamos á pedir á la vida! 

ALFONSA 
Que siempre quiere decir la última palabra. 
¡Tié razón mi niña! 

AMPARO 

Pues todas tan contentas y cada una á lo suyo. 
Tú á curar tu pájaro, tú á regar tus flores, tú á pre- 
parar la cena, que hay buen convidado... y yo á 
esperar al novio, que ya me parece que tarda. 

Se acerca á la cancela. 

Momento de pausa. En la calle se oye pregonar 
á un vendedor. 



VENDEDOR 

Lejos. 

¡Alcausiles tiernos! [Chicaros granaos! 

ALFONSA 
Asomando por la puerta por donde acaba de salir. 

¿Viene ya? 

AMPARO 
Todavía no. 






MARGOT 65 



ALFONSA 

Volviendo á entrar en la casa. 
¡Válgame Dio, y qué calma é niño! 

DOÑA MARÍA JOSEFA 

En mi tiempo los novios no se hacían esperar 
tanto. 

AMPARO 

Que mira siempre á la calle. 
¡José Manuel! 

MARÍA JOSEFA Y MANUELA 

Acercándose á un tiempo á la puerta. 
¡José Manuel! 

ALFONSA 

Saliendo como por escotillón. 
c Viene ya? 

Entra José Manuel: todas le rodean. Amparo se 
aparta un poco. 

LAS TRES VIEJAS k UN TIEMPO 
¡Buenas tardes, niño! 



66 G. MARTÍNEZ SIERRA 

AMPARO 
Buenas tardes, José Manuel. 

JOSÉ MANUEL 

Acercándose á Amparo. 
Buenas tardes, Amparo. 

Sonriendo al entusiasmo de las viejas. 

Buenas tardes, abuela; buenas tardes, chacha; bue- 
nas tardes, Alfonsa. 

Todas vuelven á rodearle y hablando á un tiempo 
le piden cuentas por su tardanza. 

DOÑA MARÍA JOSEFA 
¿Cómo vienes tan tarde? 

DOÑA MANUELA 
¿Por qué has tardado tanto? 

ALFONSA 
¡Yo que tú no venía hasta el mes que viene! 

AMPARO 

Sonriendo. 

No le pidan ustedes tantas cuentas, que se va á 
figurar que no podemos vivir sin él. 



MARGO! 67 



JOSÉ MANUEL 

Acercándose á ella. 
(Y no es verdad? 

AMPARO 
¡Quita de ahí, presumido! ¡Qué ha de ser! 

JOSÉ MANUEL 

Haciéndose el dolido. 
¡Ah, no! Tantísimas gracias. 

Cuando hablan los dos, las viejas les rodean y 
les contemplan. 

AMPARO 

Pues lucidos estábamos, si lo fuera, con tres años 
largos que te has pasado en tu París de Francia de 
tu alma... 

JOSÉ MANUEL 

Suspirando sin querer al recuerdo. 

París... tres años... es verdad... 

AMPARO 

Mirándole con ansiedad mal disimulada. 

Es verdad... aunque parezca mentira... y no nos 
hemos muerto. 



6§ G. MARTÍNEZ SIERRA 

Con coquetería. 

Ya ves tú si podemos vivir sin ti. 

ALFONSA 

Interviniendo como siempre. 

Malamente, niño. En esta casa no se hacía otra 
cosa que suspirar. 

AMPARO 

¿Suspirar? ¡Ja, ja, ja! Hay que ver lo que bailé 
yo la feria pasada... y lo que me divertí... como 
que se enamoraron de mí dos franceses... ¿No te 
lo contaron al volver de París?... Porque á mí me 
contaron la mar de cosas... 

A un gesto de él. 

¡No te asustes, que no eran de ti!... 

Mirándole y disimulando su ansiedad con la risa. 

¡Ja, ja, ja! ¡Mira qué cara tan seria se le ha puesto! 

DOÑA MARÍA JOSEFA 

Enjadada. 

¡Niña, no le atormentes con esas bromas! 

DOÑA MANUELA 
¡No la hagas caso, niño! 



MARGOT 69 



AMPARO 

¡Ja, ja, ja! ¡Mira cómo te defienden las viejas! 

Las tres viejas rodean á José Manuel, que se ha 
sentado en una silla. 



DONA MARÍA JOSEFA 
¿Estás preocupado, niño? 

DOÑA MANUELA 
C Estás triste? 

ALFONSA 
¿Te duele argo? 

JOSÉ MANUEL 
¿A mí? No. iPor qué? 

DOÑA MARÍA JOSEFA 
Como no hablas... 

AMPARO 



Es que como están ustedes delante no se atreve 
á decirme las mentiras que trae preparadas. 



Riendo. 



Se ríe. 



70 G. MARTÍNEZ SIERRA 



DONA MARÍA JOSEFA 

Es verdad: aquí estamos tres viejas tan entonte- 
cidas de ver que se quieren ustedes los jóvenes, 
que no les dejamos á ustedes lugar para decírselo. 
Ea, voy á colgar mis pájaros arriba, en el balcón. 

A Aljonsa. 
Tráete esas jaulas tú. 



DONA MANUELA 

Y yo voy á darles un poco de beber á mis clave- 
les... 

JOSÉ MANUEL 

Conste que no nos estorban ustedes. 

ALFONSA 

¡Caya, caya, grandísimo gitano! ¡Ay, niña, para 
ti es la vida! 

Salen doña María Joseja y Aljonsa con las jaulas 
Doña Manuela se va al jondo á cuidar sus flores 
y poco después desaparece también, sin afec- 
tación. 

AMPARO 
Para mí es la vida. 

Con resolución de mujer que sabe lo que quiere. 
Vamos á ver lo que hacemos con ella... 



MARGOT 



71 



Mira á José Manuel, que sonríe con cariño. 
Sí que estás serio... 

JOSÉ MANUEL 
¿Yo? No, por cierto. 

AMPARO 
¿Es que te molestó eso que dije antes? 

JOSÉ MANUEL 

Viniendo de ti no puede molestarme á mí nada. 

Galante. 
AMPARO 

Si eso es verdad, muy poco me quieres. 

JOSÉ MANUEL 
cQue te quiero yo poco? 



AMPARO 



Porque á mí, que te quiero más que... ¡bueno!, 
porque á mí, que te quiero como te quiero, me mo- 
lesta hasta el modo que tienes de mirarme, cuando 
no me miras del modo que se me ha puesto aquí 



72 G, MARTÍNEZ SIERRA 

que me tienes que mirar. Ya ves tú si somos dife- 
rentes. 

JOSÉ MANUEL 

Sonriendo. 
Con eso nos entenderemos mejor. 

AMPARO 

Con resolución. 

Vamos á ver: ¿por qué me quieres á mí tú? 

JOSÉ MANUEL 
¡Porque eres la mujer más buena del mundo! 

AMPARO 

Con un mohín. 
¿Nada más? 

JOSÉ MANUEL 

¡Y la más bonita! 

AMPARO 
¿Nada más? 

JOSÉ MANUEL 

¿Por qué me quieres tú á mí? 



MARGOT 73 



AMPARO 
¡Te quiero porque te quiero! 

JOSÉ MANUEL 

í Valiente razón! 



Riéndose. 



AMPARO 

La única, hijo. Te quiero porque te quiero y por- 
que no puedo menos de quererte. ¡Esa es la fija! ¡Y 
todo el que le busca razones al querer es que las 
necesita para animarse á seguir queriendo! ¿Me 
quieres de verdad, de verdad? 



JOSÉ MANUEL 
Sugestionado por el apasionamiento de ella. 
¡Cómo no te voy á querer! 

AMPARO 
¿No echas nada de menos? 

JOSÉ MANUEL 
¿Qué voy á echar de menos teniéndote á ti? 



74 G. MARTÍNEZ SIERRA 



AMPARO 

Mírame, que te vea yo los ojos. ¡Así, fijo!... ¡Los 
ojos no saben mentir! 

Le mira á los ojos. 



JOSÉ MANUEL 
cQué ves en ellos? 

AMPARO 
¡Veo... veo... veo la torre Eiffel! 

JOSÉ MANUEL 
cLa torre Eiffel? 



Sonriendo. 



AMPARO 

Apartándose un poco. 



Sí, con París debajo. 



JOSÉ MANUEL 

Pero ¿qué crees tú que he hecho yo en París, 
vamos á ver? Cuatro tonterías... un poco de lo- 
cura y de fiebre... perdónamelas; ahora ya soy per- 
sona razonable y te doy lo mejor de mí mismo. 
¡No te merezco, de sobra lo sé... pero por eso mis- 
mo te pido que no te apartes de mí! 

Ella se ha puesto muy seria. 
¿Qué te pasa? 



MARGOT 



75 



AMPARO 

Nada... estaba pensando... Cojmo las mujeres 
honradas no tenemos más locura que nuestro amor, 
nos da un poco de rabia que el hombre á quien 
queremos sea tan razonable con nosotras y no pue- 
da ofrecernos mas que lo mejor de sí mismo... por- 
que otras... se han llevado lo peor... que puede 
que sea lo que mejor sabe. 



JOSÉ MANUEL 



Con zalameríc 



¡Cualquier día de éstos me voy á volver loco 
por ti! 



AMPARO 

Con gracia. 



j'No harías mas que cumplir con tu obligación! 



JOSÉ MANUEL 

C Crees que no lo estoy? Es que me da vergüenza 
decirte todo lo que te quiero... 



AMPARO 
C Vergüenza? ¿Por qué? 

JOSÉ MANUEL 

Porque me conviene tanto que tú me quieras 
á mí... 



76 G. MARTÍNEZ SIERRA 



AMPARO 
¡No digas eso! 

JOSÉ MANUEL 

Con un poco de tristeza. 

¡Si es la verdad, chiquilla! Tú eres una santa, 
eres un primor de bonita, y además... tienes mucho 
dinero. Yo... 

AMPARO 

Con generosidad apasionada. 
¡Tú eres tú! 



JOSÉ MANUEL 



Eso es; yo soy yo: un pobre diablo que no tiene 
dónde caerse muerto. 



AMPARO 



¡Ni falta que te hace! 

Habla con apasionamiento y altivez alternativa- 
mente: pasando de la extrema humildad del 
amor al supremo orgullo de amar; enamorada, 
atormentada, celosa, cariñosa, más niña y más 
mujer que nunca. 

Esto no te lo debiera decir, pero te lo digo porque 
es verdad... Cuando tu padre se arruinó, me entró 
una alegría... porque tú estabas en París, y como 
tenías dinero, no pensabas en volver... ¡y volvis- 
te!... y al principio, ¡no digas!, que no hacías caso 



MARGOT 77 



de mí!... ¡ni siquiera querías acordarte de que ha- 
bíamos sido novios desde chicos!... ¡Pero á mí no 
se me olvidaba!... y decía: ¡Vendrá! ¡Vendrá!... 
y viniste... y todo el mundo dice que te conviene 

tanto casarte conmigo... 

A un gesto de él. 

¡Ya sé yo que no vienes por eso! ¡Ya sé yo que me 
quieres de verdad!... pero ¡me alegro tanto de que 
te convenga!... Porque cuando una q-ui'ere mu- 
cho, hasta mala se vuelve... y lo que quiere una 
es atar... atar fuerte... atar con algo... fy yo quiero 
tenerte para mí, sea por lo que sea! 



Muy conmovido. 



JOSÉ MANUEL 
C Tanto me quieres tú? 

AMPARO 

¡Más que á mi vida, más que á rni alma! ¡No he 
querido en el mundo mas que á ti, nunca, nunca! 

JOSÉ MANUEL 

Muy de terca, 

¿Con qué te pagaré yo este cariño? 

AMPARO 

Con un poco de extravío, 

¡No me lo pagues!... Te lo doy de balde... ¡Tó- 
male! ¡'Tómale! 



?** G. MARTÍNEZ SIERRA 

MÚSICA 

JOSÉ MANUEL 

¡Amor que me has esperado! 
Amor generoso y fiel... 
amor que yo no merezco... 

¡ampárame!... ¡perdóname! 

AMPARO 

¡Amor que estuve esperando, 
siemtpre contigo soñé! 
Amor que al fin eres mío... 
¡ escúchame ! . . . ¡ reslpóndeme ! 

JOSÉ MANUEL 

¡En tierras de locura 
dejé á mi corazón volverse loco, 
y bajo los naranjos de mi patria 
me esperaba el amor de los amores. . . ! 

AMPARO 

¡En tierras de locura 
se me perdió el amor que yo quería, 
y bajo los naranjos de mi patria, 
pensando en él, he suspirado tanto! 

JOSÉ MANUEL 

Pero he vuelto á ti 
ahora que los naranjos están <en flor. 



MARGOT 79 



AMPARO 

Pero has vuelto á mí 
ahora que los naranjos están en flor, 



JOSÉ MANUEL 

¡Y el perfume de este mes de Abril 
es incienso de una nueva ilusión...! 



AMPARO 

i Y el encanto de este mes de Abril 
es el premio de mi amor eterno! 



LOS DOS 

¡Amor, amor, viejo rosal 
que á cada nuevo Abril 
vuelves á florecer... 
ya que esta primavera 
floreces para mí... 
¡bendito seas! ¡bendito seas! 

Durante esta escena ha ido bajando la luz y ahora 
es casi completamente ele noche. 



RECITADO CON MÚSICA 
AMPARO 
¡Qué pronto ha anochecido esta tarde! 



80 G. MARTÍNEZ SIERRA 



JOSÉ MANUEL 

Tienes los ojos mlás bonitos que nunca... Me pa- 
rece que hasta hoy no los había visto de veras. 



AMPARO 

¡Es que no los habías sabido mirar! 

Aparecen las tres üiejecitas, cada una por su lado. 

DOÑA MARÍA JOSEFA 
Niña,.. José Manuel, ¿dónde están ustedes? 

DOÑA MANUELA 
A ver si se enfrían ustedes con el relente... 

ALFONSA 

La comida está lista... adentro, que el amor abre 
el apetito. 

AMPARO 

Allá vamos. 

A José Manuel. 

(Me quieres? 



JOSÉ MANUEL 
Chiquilla mía! 



MARGOT 



81 



AMPARO 

¿De verdad, de verdad? ¿Más que á la torre 

Eiffel? 

Entra corriendo y riendo en la casa. José Manuel 
la sigue. Se oye en la calle un pregón y cae el 
telón lentamente. 

\ 



82 G. MARTÍNEZ SIERRA 



CUADRO SEGUNDO 



Sevilla. Plazoleta irregular formada por la confluencia de 
varias calles. En el centro de la plazoleta hay unos cuantas 
acacias que están en flor. Casas de dos y tres pisos, balco- 
nes floridos y azoteas en lo alto de todas las casas, con filas 
de macetas de claveles, en flor también. Hay dos ó tres es- 
quinas de las distintas calles, pero ninguna de ellas .está por 
completo frente al público. En una de las casas que hacen es- 
quina, taberna con puerta á las dos calles. Bajo las acacias 
un puesto de churros (calentitos, en sevillano) refrescos, con 
toldo de lona y dos ó tres veladores con sillas. Es la noche del 
Jueves al Viernes Santo y hay un deslumbrante claro de 
luna. 

Música durante todo el cuadro, jormando como un poema 
musical completo. 

Al lvantarse el telón está la plazoleta, que no es muy 
grande, casi ¿lena de gente. Un grupo de mujeres y de hom- 
bres se acerca al puesto de churros y comen y beben sin 
sentarse. Dos ó tres nazarenos de la cofradía de la Macarena 
atraviesan la plazoleta apresuradamente, y, levantándose el 
capuchón, entran en la taberna, que también está llena, y 
beben ; unos chiquillos se burlan de ellos ; uno de los naza- 
renos corre detrás de los chicos (está ya un poco alumbrado) 
y quiere darle un coscorrón. Los chiquillos escapan chillando. 
Circulan por la plazoleta vendedores de agua con sus cánta- 
ros de tapones dorados, vendedores de dulces, de avellanas, 
de listas de las cofradías, de estampas del Señor del Gran Po- 
der y de la Macarena ; otros con diminutas flores de papel 
azul (la flor de Belmonte) clavadas en una tabla cubierta de 
terciopelo. Todos pregonan ofreciendo su mercancía, yendo 
de grupo en grupo. Pasan grupos de señoritas sevillanas con 
mantillas graciosamente prendidas, acompañadas por algún 
caballero, pero siempre las damas en mayoría ; grupos de 
hombres solos, ingleses, inglesas, algún alemán y algunas 
francesas, provocando el escándalo del respetable público 
con sus pinturas y sus piernas al aire ; nazarenos de diferen- 
tes cofradías, unos con el cirio apagado en la mano, otros 
con cetro, corriendo para ir á incorporarse á sus respectivas 
cofradías ; guardias de Orden público ; viejas con mantos 
negros, que van á unirse á la cofradía del Señor del Gran 
Poder; gitanas, etc. Hay mucha animación. 



MARGOT 83 



VENDEDOR 
¡Claveles, clavelitos! 

OTRO 
¡Agua, agua fresca...! ¿Quién quiere agua? 

OTRO 

¡La fió de Bermonte! ¿Quién me compra la fió de 
Bermonte ? 

OTRO 
¡Avellana tostaíta! 

OTRO 
|* La lista de las cofradías que salen esta noche! 

OTRO 

¡Agua, agua fresca! 

Atraviesan la plaza tres nazarenos y se dirigen á la 
taberna de la esquina. 

UN CHIQUILLO 

¡Corre, niño, corre, que llegas tarde al aguar- 
diente ! 



84 G. MARTÍNEZ SIERRA 



Uno de los nazarenos se vuelve, amenazando con 
el cirio á los chiquillos, que echan á correr, ha- 
ciendo gestos de burla. 



VENDEDOR DE CHURROS 

¡ Calentitos , calentitos ! 

Pasa un grupo de mujeres del pueblo y se acerca 
al puesto de churros; un grupo de hombres las 
sigue, piropeándolas. 

UN HOMBRE 
¡Ay mi arma! 

OTRO 
f.Olé por las flamencas de mi tierra! 

OTRO 

Acercándose mucho. 

Pero, niña, ¿no le dasté miedo salir de noche con 
ese tesoro que yevasté en la cara? 

LA FLAMENCA 

Como es Jueves Santo, no andan ladrones sueltos 
por las calles. 

HOMBRE PRIMERO 

Viéndola alejarse. 

¡Ay, qué ganas tengo de que yegue el Sábado de 
Gloria pa come carne! 






MARGOT 85 



HOMBRE SEGUNDO 

¡Vamo á toma un chato mientras yega, pa abrir 
el apetito! 

HOMBRE TERCERO 

¡No ha estao mal gorpe! 

Entran los tres en la taberna. 

VENDEDOR 
í'Agua, agua fresca! 

OTRO 
¡Claveles como platos! 

OTRO 

¡La fió de Bermonte! ¡La fió de Bermonte! 

Pasan dos mujeres y, comprando la flor del to- 
rero, se la prenden en el pecho. 

Sale por la izquierda un grupo de señoritos, en- 
tre los cuales viene José Manuel. 

SEÑORITO PRIMERO 

Acercándose á una de las muchachas que se ha 
prendido la flor de Belmonte en el pecho. 



¡Ay, quién fuera flor! 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



LA MUCHACHA 

Con garbo y desenvoltura. 
Mejó é ser torero. ¿No le paese asté? 

SEÑORITO 
Mucho mejor, si no hubiera cuernos en la plaza. 

LA MUCHACHA 

|'Ja, ja, ja! ¡Esos los hay en todas partes! 

Se aleja riendo. 

SEÑORITO PRIMERO 

Suspirando cómicamente mientras la muchacha se 
aleja. 

¡Ay, esta Sevilla y estas sevillanas le quitan á uno 
el juicio! 

SEÑORITO SEGUNDO 

Sí que está la noche de las que trastornan. 

JOSÉ MANUEL 

Con romanticismo exaltado y simpático. 

Es verdad. Yo no sé qué tiene el aire, con esta 
luna y este olor de azahares y de claveles y de flor 



MARGOT 87 



oe acacia... Yo no sé si es la sangre ó es el alma la 
que está envenenada de primavera... pero se sien- 
te una inquietud... una esperanza extraña... que 
más bien que esperanza parece recuerdo... una an- 
siedad... un deseo de que llegue algo que siente 
uno acercarse sin saber lo que es...! 



SEÑORITO PRIMERO 
¡Ja, ja, ja! ¿Qué has bebido tú esta tarde? 

JOSÉ MANUEL 

Nada absolutamente. Desde que he vuelto á Se- 
villa soy un modelo de virtud. Sevilla me ha traído 
al buen camino, haciéndome olvidar mis pecados 
viejos... pero esta noche, á pesar de ser noche de 
Jueves Santo, parece que anda el diablo suelto... 

Sale por una bocacalle y se acerca á ellos una 
gitana. 

GITANA 
¡A la pa é Dio! 

SEÑORITO SEGUNDO 

¡Ja, ja, ja! ¿No nombraste al diablo? Pues aquí 
le tienes. 

GITANA 

Con zalamería ofendida. 
cEr diablo yo?j'Ay, qué enganao que vives, niño! 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



C Quiés que te diga tu suerte? A ti, que tiés ojos de 
capitán y patitas de bailaor... 



SEÑORITO PRIMERO 

Dándole limosna. 
i Toma y déjame en paz! 

GITANA 

Guardando la moneda. 

¡Dios te lo pague, esaborío! 

Al señorito segundo. 

Y tú, c no me da? na?... Ponme una moneíta de 
plata en la mano, que te vi á aserta un secreto... 

SEÑORITO SEGUNDO 

Por José Manuel. 
Aciértasele á éste, que le está haciendo falta. 

GITANA 

Volviéndose á José Manuel. 

£A éste? Este tié más suerte que un perro é casa 
rica, c Quiés que te diga lo que está pasando por 
dentro de ese corasón, que ni tú mismo te quiés 
enterar deyo? 



MARGOT 



89 



JOSÉ MANUEL 

¡Dime lo que quieras, mujer! 

GITANA 
Aya va. 



Dándole dinero. 



Cantando. 



¡En er nombre de Aqué que to lo sabe, 
y de cuya mano 
nunca pué venir nada malo...! 
Tú tienes el alma partía 
lo mismo que granada abierta... 
Un amor te ha clavao una espina; 
otro amor ha yamao á tu puerta. 
Palomita gue viene volando 
te quisiera arrancar esa espina... 
¡Ten cuidao con la mano presiosa, 
no te arranque con eya la vía! 

Si te acuerdas, pecas; 

si te olvidas, mueres... 
Esta noche está el aire embrujao. . . 

¡Los fantasmas vuelven! 



JOSÉ MANUEL 

Excitadísimo, porque las palabras de la gitana, 
aunque tan imprecisas y vagas, responden á su 
ansiedad interior. 

t Qué dices? ¿De qué fantasmas hablas? 



93 G. MARTÍNEZ SIERRA 



GITANA 

Sonriendo- 
De los que andan á la luz de la luna por las en- 
crusijás de Seviya. 



JOSÉ MANUEL 

Cada Vez más excitado. 
Pero cqué sabes tú? ¿Qué has visto? 

GITANA 

Con gravedad fingida, divertida por la inusitada 
sensación que han causado sus divagaciones. 

¡Unos ojos de coló de agua que echaban fuego 
pa mirarte á tí! 

Se aleja sonriendo. 
Buenas noches. 

JOSÉ MANUEL 

¡ntententando detenerla. 
¿Qué dices?... ¡Espera!... ¿ Dónde vas? 

La gitana desaparece. 
Estoy loco... Unos ojos color de agua. 

Aparece un grupo de señoritas, entre las cuales va 
Amparo. Van todas vestidas de seda negra, y 
tocadas con mantillas negras también, gracio- 
samente prendidas. El grupo de hombres se 
une á ellas. 



M ARGOT 91 



SEÑORITO PRIMERO 
¡Viva la flor y nata de Sevilla! 

SEÑORITO SEGUNDO 
¡Ole por las mujeres castizas! 

JOSÉ MANUEL 

Acercándose á Amparo con angustia, como si le 
j pidiese la salvación y como si su vista le hicie- 

se despertar de una alucinación. 

¡Amparo! 

AMPARO 

Graciosamente. 
Amparo me llamo, sí, señor. 

Está muy contenta. 

SEÑORITA PRIMERA 

Pero ¿donde se habían escondido ustedes? Lle- 
vamos media hora buscándolos. 

SEÑORITO SEGUNDO 
cNo estábamos citados aquí? 

SEÑORITA SEGUNDA 
¿Ha pasado ya la cofradía de la Macarena? 



92 G. MARTÍNEZ SIERRA 

SEÑORITO PRIMERO 
La estamos esperando; ya no puede tardar... 

SEÑORITA PRIMERA 

Vamos á aquella esquina, que se verá de frente. 

Atraviesan la multitud y desaparecen entre ella, 
dirigiéndose á la esquina que está más al jondo 
en el extremo opuesto al sitio donde se han en- 
contrado con los señoritos. Amparo y José Ma- 
nuel, que van los últimos, se detienen un mo- 
mento en primer término antes de seguir á los 
demás. 

AMPARO 

A José Manuel, que la mira con fijeza de aluci- 
nado. 

cQué me miras? 



JOSÉ MANUEL 

¡Tienes los ojos negros más bonitos del mundo!... 
¡Mírame... mírame...! 

Con exaltación. 

La noche está embrujada, pero tus ojos negros son 
la paz... En el aire hay veneno y locura, pero tus 
ojos negros son la salud, el agua clara, el aire lim- 
pio, la razón... f Mírame... mírame! 



MARGOT 93 



AMPARO 

Sin comprender demasiado, pero complacida por 
su exaltación que atribuye á cariño. 

¿Me quieres? 

JOSÉ MANUEL 

Más que nunca... sí, mucho más que nunca... y 
de otro modo... con apasionamiento, con angustia, 
con locura... 



AMPARO 



Sonriendo 



¿No dices que soy la razón? 

JOSÉ MANUEL 
¡Sí... la única razón de mi vida! 

AMPARO 

Volviéndose á mirarle, torprendida por su acen 
lo extraño. 

] Con qué voz tan extraña has dicho eso!. . . Mírame 
tú á mí... 

Con un poco de angustia, ante el mirar ausente 
de él. 

¡Pero á mí... á mí! ¿No me ves?... Parece que 
estás hablando con un fantasma... 



94 G. MARTÍNEZ SIERRA 



JOSÉ MANUEL 

Con extravío. 



¿Con un fantasma.,.? £ También tú...! 



AMPARO 

Asustada. 



¿También yo...? ¿Qué dices?... ¡No te entiendo! 



JOSÉ MANUEL 

Dominándose. 

No hagas caso... estoy un poco trastornado esta 
noche... Es mi primavera de Sevilla. Este aire de 
Abril, que hace tantos años no respiraba, se me ha 
entrado en la sangre, como vino demasiado fuerte, 
y me hace desvariar... pero no tengas miedo... 

Afirmando para convencerse á sí mismo. 
¡Soy más tuyo que nunca!... 



AMPARO 

Que teme al desequilibrio sobre todas las cosas, 
porque es, ante todo, mujercita razonable. 

¿De veras?... Anda... vamos con los demás... no 
digan... 

Se conjunden con la multitud y desaparecen en 
la misma dirección que han llevado los otros. 



MARGOT 95 



VENDEDOR 
¡Agua, agua fresca! ¿Quién quiere agua? 

OTRO 
¡Calentitos, calentitos! 

OTRO 
t Lista de las cofradías que salen esta noche! 

OTRO 

¡La fió de Bermonte! ¡La fló de Ber monte! 

Pasa un grupo de ingleses é inglesas, ellas con 
velos flotantes en los sombreros, y se detienen 
junto al vendedor á comprarle flores. 

INGLESA 
¿Flor asul?... cBelmonte?... c Toreador? 

VENDEDOR 

Con orgullo. 

C Toreador na má?... ¡Fenómeno, señora, fenó- 
meno! 

INGLÉS 

Muy serio. 

C Fenómeno realmente?... ¡Oh... interesante... 
mucho...! 



96 G. MARTÍNEZ SIERRA 



CHIQUILLOS 

Rodeando á los ingleses y pidiendo dinero con adc 
manes. 



¡Money, imoney, money! 



VOCES 

¡Ya viene... ya viene... sí... no... por aquella es- 
quina asoma la cruz!... 

Todos se vuelven á mirar hacia el sitio por donde 
viene la cofradía y se empujan hacia el fondo. 
Un viejo completamente borracho, y con ade- 
manes de epiléptico, sale de la taberna acom- 
pañado y sostenido por unos cuantos amigos 
en estado muy semejante al suyo. 



VIEJO 

Dirigiéndose al fondo con entusiasmo delirante. 

C Viene ya? ¡Dejadme, dejadmle que la vea!... 
Vigen santísima de la Esperansa!... ¡Déjame que 
mire esa cara morena, que é la má presiosa der 
mundo! 

Gritando. 

¡Vigen santísima! ¡Presiosa! f Salada! 

Se tambalea, y sus amigos le sostienen. La mul- 
titud le abre paso. Se oye lejano y confuso el 
sonido de la música que acompaña á la proce- 
sión. Todos los concurrentes se arremolinan. 
En este momento tiene que estar el escenario 
completamente lleno. 



MARGOT 



97 



UNA FLAMENCA 

A un hombre que está ú su lado. 
cQuié osté hasé el favo de tené las mano quietas? 

EL HOMBRE 

Pero, ¡señora... si no tengo sitio pa movelas! 

FLAMENCA 

"Digo, si el angelito es aprovechao! 

VOCES 

Griterío lejano. 

¡Ya viene... ya llega...! ¡Mira el resplandó de la 
candelería! ¿Se ha parao!... ('Viva la Macarena! 
¡Viva la Vigen de la Esperansa! ¡Viva, viva, viva! 

En el momento en que todos están mirando hacia 
donde ha de venir la Virgen, empujándose, em- 
pinándose, subidos algunos en las sillas del pues- 
to de churros y otros hasta en los árboles, apa- 
recen por la izquierda primer término Margot, 
Lily y el Pintor amigo de Lily, ellas elegantísi- 
mas y un poco extravagantes. Margot viene 
muy excitada y Lily no sale de su asombro ante 
el espectáculo del entusiasmo popular, para ella 
incomprensible. 



LILY 



Pero esta gente está loca... (Qué gritos... qué 
apreturas!... c Y por qué? ( Dónde nos has traído, 
Margot? 



98 G. MARTÍNEZ SIERRA 

MARGO! 

Dejadme... ahora dejadme sola... yo sé io que 
me hago... Marchaos... luego nos volveremos á en- 
contrar... 

LILY 
Pero ¿dónde? ¡Te vas á perder! 

MARGOT 
Luego... en el hotel... dejadme... 

PINTOR 

Ea, pues buena suerte... hasta luego. 

Coge del brazo á Lily. 
Ven tú... 

LILY 

¡Pero... esto es un manicomio...' 

PINTOR 

¡Oh, parisiense empedernida, incapaz de com- 
prender el mundo, fuera de la puerta Maillot, ad- , 
mira y calla! 

Se alejan los dos, y M argot se acerca á un chi- 
quillo. 



MARGOT 99 



MARGOT 

Al chiquillo. 

Oye, tú... 

Le da una moneda. 
Toma. 

CHIQUILLO 

Mirándola con gesto de inteligencia. 
Grasia, señorita. ¿Qué hay que hasé? 

MARGOT 

Señalando hacia la esquina donde, entre la multi- 
tud, se supone que está José Manuel. 

Ves en la esquina aquélla... un caballero... 
aquel... 

CHIQUILLO 
Sí, señora, sí, el del sombrero negro... 

MARGOT 

Dile que venga aquí... sin que se entere nadie... 
que le llama... un amigo; ¿oyes?, un amigo. 

CHIQUILLO 

Volandito, señora... 

Mirándola con malicia precoz. 
j'Vaya un amigo! 

Se escabulle entre la multitud. 



100 Q. MARTÍNEZ SIERRA 

MARGOT 

Sola, mirando en derredor con un poco de espanto. 

¡Esta es su tierra... esta es su gente! ¡Olí, Mar- 
got!... tú que vienes á tierra extraña en busca de tu 
amor perdido... si é\ te ha olvidado, ¿qué será 
de ti? í 

VOCES 

¡Ya viene... ya llega... ya está ahí! ¡Viva la Vi gen 
de la Esperansa! 

JOSÉ MANUEL 
Saliendo de entre la multitud con el chiquillo. 
¿Dónde está? ¿Quién me busca? 



MARGOT 



JOSÉ MANUEL 



MARGOT 



Adelantándose. 



Yo... 

j'Margot! 

Sí... Margot. 



JOSÉ MANUEL 

Que aún no puede creer lo que está viendo. 

Tú... tú... ¿cómo has venido?... ¿Cuándo?... ¿Por 
qué? 



M ARGOT 1ÚI 



MARGOT 

Hoy mismo... á buscarte... Nos dijimos adiós, 
¡pero no era posible...! ¡He venido... he venido...! 
i No era posible vivir sin ti! 

Con un grito de pasión. 

JOSÉ MANUEL 

Con emoción hondísima. 
¡Margot!|'Margot! 

MARGOT 

Cogiéndole las manos. 

¿Y tú?... ¿Me has olvidado?... ¿No te decía el 
corazón que yo estaba cerca? 

JOSÉ MANUEL 

Con apasionamiento; olvidándose del mundo en- 
tero. 

¡Sí, sí!... ¡Es verdad... eras tú... eras tú!... ¡La 
locura del aire eras tú!... ('El delirio de Abril eras 
tú!... ¡La inquietud de mi alma eras tú!... ¡La no- 
che está embrujada porque tú venías! ¡Yo he que- 
rido engañar al corazón, cantándole canciones de 
niño... pero ¡eras tú! fEras tú!... ¡La vida de mi 
vida eres tú!... 

MARGOT 

Con desfallecimiento de amor. 

¡José Manuel... amor de mi alma! 



102 g. MARTÍNEZ SIERRA 



JOSÉ MANUEL 



Con apasionamiento. 



Margot, Margot! 



La cofradía se acerca. Suena la banda. Entran en 
escena los encapuchados y la cruz. La multitud 
se repliega á los lados, dejando libre el centro; 
se ve en la esquina el vivo resplandor de la can- 
delería y parte de las andas del paso. La música 
de la banda cesa bruscamente. Margot y José 
Manuel están en primer término, en un rincón, 
con las manos cogidas; nadie repara en ellos. 
El viejo borracho se adelanta sostenido por sus 
amigos y se dirige á la Virgen. 



VIEJO 

¡Vigen de la Esperansa!... j'Rica... presiosa! ¡Ay, 
por date un besito en esa cara morena corgaba yo 
der palo mayó de un navio é tres puente á mi pare, 
á mi mare y á mi suegra!... 

Griterío entusiasta y ensordecedor de la multitud. 

Con el resplandor de la candelería se une el humo 
azul y perfumado del incienso; los nazarenos 
traen hachas encendidas. La cruz y el «Sine labe» 
refulgen. Hay un segundo de silencio que rompe 
¡a voz pura y fresca de Amparo cantando una 
saeta. 



AMPARO 

Canta, adelantándose hacia la imagen. 

¡Señora de la Esperanza, 
Madre del divino Amor, 
amipara tú á los que sufren 
tormentas del corazón! 



M ARGOT 103 



Al oir la Voz de Amparo, José Manuel, volvien- 
do de pronto á la realidad, se aparta bruscamen- 
te de Margot. 



JOSÉ MANUEL 

Apartándose de Margot. 

MARGOT 



Ah! 



¿Qué tienes? ¿Qué ha pasado? Ven aquí... 

VOCES 

Aplaudiendo la saeta de Amparo. 

Muy bien,., ¡ole por las niñas sevillanas!... l'Otra! 
;Otra! 

AMPARO 

Vuelve á cantar. 

Por la calle de Amargura, 
qué sola y qué triste vas... 
¡Déjame que te acompañe, 
que yo también sé llorar...! 

José Manuel se aparta violentamente de Margot y 
desaparece como loco entre la multitud en di- 
rección contraria á la de Amparo, como si su 
Voz le arrojase de allí. Margot quiere seguirle, 
pero no puede, porque la procesión vuelve á 
ponerse en marcha y la gente se arremolina, ce- 
rrándole el paso. 



104 G. MARTÍNEZ SIERRA 

MARGOT 

Desesperada. 

¡José Manuel! ¡José Manuel! ¿Dónde vas? ¡Ah!... 
cqué es esto? ¿De quién íes este hombre que era tan 
tuyo? ¡Pobre M argot! ¡Pobre M argot! 

Estruendo y música de la procesión que pasa. La 
multitud envuelve á Margot, que no sabe ni dón- 
de está ni qué le sucede. 






TELÓN 



ACTO TERCERO 



En Sevilla, una noche de feria. Ya muy cerca de la media 
noche. La escena representa en primer término derecha la 
mitad de una caseta que ocupa las dos terceras partes del 
escenario y está uno ó dos escalones más alta que el nivel 
general de la escena. La caseta se supone que es de planta 
oval (parecida á la del Círculo de Labradores) , y lo que 
se ve en escena es una mitad, ó mejor, un cuarto de óvalo. 
Sobre el tablado que forma el piso de la caseta hay delgadas 
columnas de hierro que sostienen la techumbre ; una monte- 
ra de armazón de hierro con toldo de lona, y entre columna 
y columna hay cortinas de lona rayada, de vivos colores, que 
pueden estar caídas, pero que durante todo el acto están re- 
cogidas, formando pabellones y dejando ver el paseo central 
de la feria. Se baja y se sube á la caseta por el escalón que, 
aunque está cerrado por una barandilla, tiene entre dos co- 
lumnas un espacio libre que forma puerta. La tercera parte 
del escenario que queda libre á la izquierda es el paseo la- 
teral de la feria, con árboles; por él va y viene gente y se 
ve en perspectiva parte de la feria, con la pasarela pintada 
en el telón de fondo. Detrás de la caseta hay otra, también 
practicable, pero de la cual no se ve mas que el escalón, la 
puerta, y por entre las cortinas del fondo de la primera case- 
ta, la pared de madera de la segunda, que es mucho más 
sencilla, una de las que alquila el Ayuntamiento á particu- 
lares. La caseta de primer término es de una sociedad de 
hombres solos y está elegantemente amueblada, con alfom- 
bra en el suelo, mecedoras, sillones de mimbre, alguna mesi- 
ta para tomar refrescos y espléndida iluminación eléctrica. 
También la parte que se ve de feria está profusamente ilu- 
minada con arcos y guirnaldas de bombillas eléctricas que 
imitan flores de colores vivos. Junto á la barandilla de la ca- 
seta hay macetas de plantas vivas, palmeras, magnolias ena 
ñas, etc. 






106 g. MARTÍNEZ SIERRA 



MÚSICA 

Al levantarse el telón, gran juerga andaluza dentro 
de la caseta, que está casi completamente llena 
de hombres; dos parejas (cuatro mujeres) de fla- 
mencas bailan sevillanas; un tocaor toca la gui- 
tarra; una cantaora, sentada junto á él, cania las 
coplas. Un señorito, un poco «patoso», sentado 
junto á la cantaora, le hace el amor. Entre los 
señoritos está Lily, vestida con un traje de noche 
ultraparisiense y con mantilla de madroños y 
claveles; está muy divertida con el baile anda- 
luz y coqueteando juriosamente con todos. El 
Pintor también está muy entusiasmado con una 
de las flamencas é inevitablemente se ha com- 
prado sombrero ancho. En el paseo la multitud 
se agolpa delante de la caseta para oir cantar y 
ver bailar, subiéndose á los escalones de la case- 
ta, aplaudiendo y jaleando á las bailaoras. Músi- 
ca brillante y de mucho color. 



VOCES 
¡Ole! ¡Ole! fOlé! ¡Viva mi niña! ¡Así se b;iila! 

CANTAORA 

... Que un sueño quita otro sueño!... 
¡En mi sentío no estaba 
que un sueño quita otro sueño! 
¡Soñé que tú me querías, 
y desde entonces no duermo! 

¡Ay! 
¡En mi sentío no estaba...! 

Gritos, voces, aplausos. 

¡Ole! ¡Ole! ¡Eso es cantar, y lo demás, pamplina 
pal canario! 



MARGOT 



107 



CANTAORA 

Al señorito, que desde muy cerca se la come con 
los ojos. 

tQué me miraste? 

SEÑORITO 

A ver si me aprendo de memoria esa caída de 
ojos que tiene usté y que le hace tanta gracia á 
las coplas. 

CANTAORA 
¡Guasón! 



Cantando, 



...La otra noche me dormí. 
Debajo de tu ventana, 
la otra noche me dormí. 
Me despertaron los gallos 
cantando er ¡quiquiriquí! 

¡Ay! 
Debajo de tu ventana... 



SEÑORITO 

Un poco pelmazo. 

Pero ( quién le ha enseñao a usté á bajar los ojos¡ 
niña? 



CANTAORA 
No m'a enseñao nadie, que nasí yo aprendía. 



108 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



SEÑORITO 
¡Y al nacer se llevó usté toda la sal del mundo! 

CANTAORA 
(Con eso no quedó na pasté! 



¡Pero, niña...! 



SEÑORITO 



CANTAORA 



Cantando. 



...Con esos ojos tan tristes... 
¡No me mires, que me matas, 
con esos ojos tan tristes, 
porque se me representa 
er mar pago que me diste! 

¡Ay! 
¡No me mires, que me matas...! 



SEÑORITO 
Míreme usté á mí, aunque me muera de gorpe. 



CANTAORA 

Levantándose y apartándose de éL 
Ja, ja, ja! ("No ha estao malo er gorpe! 

Cuando termina el baile todos rodean á la can- 
laora y las bailadoras y les ojrecen cañas de 
manzanilla y copas de champagne. 



M ARGOT 109 



VARIOS 
¡Ole! ¡Ole! ¡Bien por las bailaoras sevillanas! 

SEÑORITO PRIMERO 
fViva Seviya! 

UNA FLAMENCA 
¡Yo soy de Triana! 

SEÑORITO SEGUNDO 
Pues ¡viva Triana! 

' SEÑORITO PRIMERO 

¡Y viva la Giralda y la torre del Oro y los pése- 
nlos del Guadalquivir! 

HABLADO 

SEÑORITO PRIMERO 

A Lily. 
¿Le va á usté gustando ya Seviya? 

LILY 
¡Ahora sí que me gusta, y mucho.., ya lo creo! 



110 G. MARTÍNEZ SIERRA 

SEÑORITO SEGUNDO 
cY los seviyanos? 



LILY 

Riéndose. 



También... desde que les he visto á ustedes la 
cara... Es que vestidos de Nazareno me daban us- 
tenes un miedo atroz; pero en cuanto se han qui- 
tado ustedes el capuchón... se les puede mirar... 



SEÑORITO PRIMERO 
i' Viva París! 

LILY 

Al señorito primero. 

i Usted también llevaba capuchón? 

SEÑORITO PRIMERO 
Sí, señora; de los más negros. 

SEÑORITO SEGUNDO 
Y una soga de esparto á la cintura. 

LILY 

Divertidísima. 

¡Ja, ja, ja! Tienen ustedes gracia, en Sevilla. Pri- 






MARGOT 1 1 1 



mero procesiones y después juerga... Hacen uste- 
des la penitencia antes de pecar... 



SEÑORITO PRIMERO 

Es para pecar más tranquilos... Como ya yeva- 
mos ganao el cielo. 



SEÑORITO TERCERO 
¿Y su amiga de usté? 



LILY 



¿Mi amiga? 



SEÑORITO TERCERO 
¡Sí, Margot! 

LILY 
¿Ya sabe usted cómo se llama? 

SEÑORITO TERCERO 



jSé cómo se llama, y estoy deseandiío que ella 
sepa cómo me llamo yo! 



LILY 
iJa, ja, ja! i' Qué entusiasmo! Se Jo diremos.., 



H2 G. MARTÍNEZ SIERRA 

SEÑORITO TERCERO 
Pero c dónde está? 

LILY 
¡Se ha perdido! 



SEÑORITO PRIMERO 
¿Con quién? 

LILY 
¿Con quién ha de ser? Con un sevillano. 

SEÑORITO PRIMERO 

¿Sí? 

LILY 

Es un secreto. Con un sevillano que la tiene pre- 
sa. ¡Ay, qué hombres! Figúrense ustedes que está 
loco por ella; pero al pobrecito, aunque no llevaba 
capuchón el día de Jueves Santo, se le figura que 
quererla es pecado mortal, y, además, le tiene mu- 
cho miedo á una novia que dicen que tenía, y no 
salen de casa mas que de noche, cuando apagan 
las luces, como los murciélagos... ¿Son ustedes to- 
dos los sevillanos tan... temerosos del qué dirán? 

SEÑORITO PRIMERO 

¿Quiere usté perderse esta noche conmigo y 
mañana lo sabe toda Seviya? 



M ARGOT 113 



SEÑORITO TERCERO 

Insistiendo en su idea. 
Pero ¿vendrá esta noche? 



LILY 

Con burla. 

¿Quiere usted tener la bondad de írselo á pre- 
guntar á ella? 

PINTOR 

A una de las flamencas. 

¿Por qué no se viene usted á París y en una se- 
mana hace usted fortuna? 

FLAMENCA 
Porque no tengo quien me pague el viaje. 

SEÑORITO SEGUNDO 

A unas cuantas señoritas que, vestidas de seda 
y con preciosas mantillas blancas, pasan por de- 
lante de la caseta y miran con curiosidad. 

Niñas, niñas. ¿Qué es eso de pasar de largo? 
Tengan ustedes la bondad de entrar. 

SEÑORITO PRIMERO 
¡Adelante, adelante! 



i 14 G . MARTÍNEZ SIERRA 

SEÑORITA PRIMERA 
Gracias, no; vamos muy de prisa... 

SEÑORITA SEGUNDA 

Y, además, que cualquiera entra en esta caseta, 
que es el escándalo de la feria... 

SEÑORITO PRIMERO 
De poco se asustan este año en Sevíya. 

SEÑORITA PRIMERA 

No entramos, no... 

Pero sube el primer escalón y mira con curio- 
sidad. 

SEÑORITO SEGUNDO 

Ojreciéndoles copas de champagne. 
Siquiera una copita de champagne... 

Las señoritas toman las copas y beben, sin en- 
trar del todo en la caseta, pero muy contentas 
por detenerse en ella. 

SEÑORITA TERCERA 
Gracias, 



M ARGOT 115 



SEÑORITA PRIMERA 

I 



Confidencial al señorito primero, señalando á Lily. 
¿Es ésa la francesa? 



SEÑORITO PRIMERO 
Sí, francesa es. 

SEÑORITA SEGUNDA 
No, mujer, es la otra... 



Sonriendo, 



SEÑORITO PRIMERO 

Haciéndose el desentendido. 



cQué otra? 



SEÑORITA PRIMERA 
'La de José Manuel! 

SEÑORITO , PRIMERO 

Haciéndose de nuevas. 
cAh, pero José Manuel tiene una francesa? 

SEÑORITA PRIMERA 

Hazte de nuevas, tú: la tiene... es decir, lo tiene 
ella á él; y que están encerrados como dos crimina- 



11(3 G. MARTÍNEZ SIERRA 

les en el cuarto de la fonda de ella... y que no salen 
mas que de noche. 

SEÑORITO PRIMERO 

Pero, niñas, si José Manuel hace ya una semana 
que está en el cortijo. 



SEÑORITA PRIMERA 
i Ja, ja, ja! ¡En el cortijo! 

SEÑORITA SEGUNDA 

Desde la noche de Jueves Santo, ¿verdad? 

Con sorna 

SEÑORITO PRIMERO 
Justo: desde la noche de Jueves Santo. 

SEÑORITA SEGUNDA 

¡Hija, cómo mienten los hombres para defender 
se unos á otros! 

SEÑORITA PRIMERA 

Conque en el cortijo, ¿verdad? Eso que se lo 
cuenten á su novia... que tampoco lo cree... aunque 
dice que sí... porque, ¿qué va á decir? ¡Pero buena 



MARGOT H7 



está ella! Y te advierto que esta noche Ka venido 
á la feria, que la he visto al pasar por la caseta de 
mi cuñada, y luego piensa dar una vuelta por todo 
el paseo... Conque puedes mandarlo á decir al cor- 
tijo para que se entere José Manuel, que tal vez 
le interese saberlo... 



SEÑORITA TERCERA 

Que no tiene gana de marcharse. 
¡Están ustedes muy divertidos! 

SEÑORITO TERCERO 
¡La mar! 

SEÑORITA SEGUNDA 

Es verdad: flamencas, tocaor, cantaora, france- 
sas... no falta nada. 

SEÑORITO PRIMERO 

Falta que se queden ustedes para que sea la di- 
cha completa... 

SEÑORITA PRIMERA 

Ea, niñas, que se hace tarde, y nos van á man- 
dar á buscar con la Guardia civil. Adiós. 



118 g. MARTÍNEZ SIERRA 



SEÑORITAS SEGUNDA Y TERCERA 

j Adiós, adiós, adiós! 

Se Van corriendo. 

Mientras han estado hablando, Lily ha estado en 
un rincón con una de las flamencas haciéndola 
ensayar para aprender las posturas de baile, ro- 
deada por los demás señoritos que hay en la 
caseta. 



SEÑORITO TERCERO 

cY usted, por qué no baila? 

Todos los señoritos se acercan á ella. 

LILY 

Porque estoy aprendiendo con ustedes para ha- 
cer furor en mi tierra. Tengo ya estudiado un pa- 
sito de banderillero, que he observado esta tarde 
en la plaza, que va á ser este invierno la perdición 
de los franceses. 

TODOS 

í A ver, á ver, á ver! (Que se vea, que baile! 

Todos la rodean jormando un grupo animado 
Entran en escena, viniendo de la izquierda, A 
paro y el Ama. El Ama viene vestida de ne 
gro; Amparo, como las demás señoritas, con tra 
je de seda azul 6 rosa pálido ó blanco y cor 
mantilla blanca prendida con claveles. View 
inquieta, muy nerviosa y preocupada y mira 
todos lados con curiosidad. 



M ARGOT 119 



ALFONSA 



Pero, niña, ¿hasta cuándo vamos á estar dando 
vueltas esta" noche? Mira que estoy rendiita der to. 



Nerviosa. 



AMPARO 
¡Déjame! 

ALFONSA 
Pero cqué vas buscando? 



AMPARO 

Déjame... 

Como si hablase consigo misma. 

Esta es la caseta de los amigos de él. 

. I ■...■■ .1. _■:. 

Mirando con curiosidad y temor. 

¡Tampoco está! 

ALFONSA 

Mintiendo descaradamente, 

Pero ¿cómo va á estar en la feria, si está en el 
cortijo ? 

AMPARO 

Volviéndose con ansiedad. 

¿Tú sabes de cierto que está en el cortijo? ¿Tú 
me puedes jurar, por mi salud, que está en el 
cortijo? 



}^_ G. MARTÍNEZ SIERRA 



ALFONSA 

Sin saber mentir más. 



¡Aíy, niña yo he corrió toa Seviya de punta í 
cabo y no lo he tropesao... y tengo buenos ojos, 
aunque me esté mal el desilo' 



AMPARO 

Con desesperación. 

¿Lo yes cómo no me lo juras? fAy, Dios mío, 
Uios mío, quien fuera hombre para entrar en todas 
partes con la frente muy alta y preguntar por la 
verdad acara descubierta!... Pero ¿quién le dice 
la verdad a una mujer? Ni tú, ni tú, y eso que di- 
ces que me quieres tanto... y estese usted en su 
casa y oiga lo que quieran decirla, y déjese usted 
engañar, s, puede... y si al menos se toman la 
molestia d e quererla engañar á una... ¡Eh! cQué te 
parece s. esta noche misma montara yo á caballo 
y me fuera al cortijo á saber la verdad? 



ALFONSA 

Espantada. 
Nina... tú estás loca... vamonos de aquí... 

AMPARO 

Desasiéndose bruscamente. 
i Déjame en paz! 



M ARGOT 121 



Pero, hija. 



ALFONSA 



LILY 



Cantando dentro y esbozando un paso de vals, ro- 
deada por sus admiradores. 

Quand l'amour refleurit 
au tournant de la route; 
quand fleurit raubepine 
au baiser du soleil!... 



AMPARO 

Al oír cantar en jrancés se sobrecoge 
C Quién cania? ¿Una francesa? 

Mirando á la caseta con intensidad dolorosa. 
¡Es ella... es ella! 

ALFONSA 

Queriendo llevársela. 
¡No es... te juro que no es...! 

AMPARO 

Volviéndose á mirarla. 

cQue no es...? (Y cómo sabes tú de cierto que 
no es? f Entonces... es que sabes de cierto que es 
otra! 



122 




G. 


MARTÍNEZ SIERRA 












ALFONSA 












Cogida, y queriendo 


rectificar. 


No., 


no... yo no sé na... 








- 




AMPARO 








■ 






Con 


violencia. 


Silo 


sabes.. 


Es otra... entonces 














Con desolación. 


es verdad que 


es 


otra... y lo sabéis 


todos. 





Con indignación. 
i Y me engañáis todos!... ¡Ah! 

Margot aparece por la izquierda, admirablemen- 
te Vestida de noche, con salida de baile y man- 
tilla echada por la cabeza á modo de echarpe. 
Aljonsa, que la reconoce, quiere apartar á Ampa- 
ro, descubriéndole la verdad con su imprudencia. 



ALFONSA 

Con angustia. 
Vamonos... vamonos... 



AMPARO 

Comprendiendo. 
¿Por qué?... ¡No, no! 

Con odio, contemplando á Margot. 
¡Es ésta! 



MARGOT 123 



ALFONSA 
No, no.,. 

AMPARO 
J'Es ésta!... ¡Ay de mí! 

ALFONSA 
Pero ¿quién te lo ha dicho? 

AMPARO 



i La sangre de mis venas, que se me ha helado 
toda al verla llegar! 

Se aparta bruscamente de Aljonsa en el momento en 
que Margot se dispone á subir el escalón de la 
caseta, y se dirige á ella con violencia. 



Con dolor, 



Estúpidamente. 



¡Señora! 



Margot, que viene también muy preocupada y iris- 
te, se vuelve con sorpresa y responde con dulzura. 



MARGOT 
¡Señora!... 

AMPARO 

Con violencia. 
Usted perdone... 

Margot la mira, y Amparo pierde el ánimo y la an- 
gustia. 



124 g. MARTÍNEZ SIERRA 



No... nada... usted perdone... me había confun- 
dido... usted perdone. 

Echa á correr desalentada y se arroja en brazos de 
Aljonsa. 

MARGOT 
Pensativa, deteniéndose en el escalón de la caseta. 

¡Eh!... (Qué extraño...! ¡Qué modo de mirar- 
me!... c Quién es esta mujer?... 

Comprendiendo. 
¡Ah!... ¡Es ella... la novia! 

Suspirando, mientras entra en la caseta. 
¡Margot! (Margot 

Cuando ella entra en la caseta, todos la reciben con 
entusiasmo y la rodean. 

VOCES 

¡Margot! ¡Margot! ¡Al fin! Pero ¿no se había per- 
dido usted? ('Bravo, Margot! ¡Viva Margot! 

Entretanto, juera, Aljonsa quiere llevarse á Amparo, 
que á duras penas logra serenarse. 

ALFONSA 
Pero, niña, cqué ibas á hacer? 

AMPARO 

Con la cabeza perdida. 

Nada... ¿Qué voy yo á hacer?... ¡pobre de mí! 



MARGOT 125 



Ya lo has visto... nada... ¡Soy cobarde!... ¡Pero es 

mío, mío! 

Vacilando. 

¿Mío? 

Con amargura. 
Ella también dirá: ¡Es mío! 

Con desesperación. 

¡No hay nadie de nadie! j'No hay nadie de nadie' 



ALFONSA 

¡Niña, por el arrió de Dios!... ¡Si no has visto na.,, 
na! No te pongas así. Vamonos. 



AMPARO 

Sin saber lo que dice. 
Sí... vamonos... ¿Adonde? 

Con resolución repentina. 
¡No me quiero marchar! 

ALFONSA 

Quítate siquiera de mita del arroyo.,. Entra aquí 
en la caseta de junto, que son amigas tuyas. 

AMPARO 

Sí, sí... tienes razón. 

Entran despacio en la segunda caseta. Entretanto, en 
la caseta primera, después de haber estado un mo- 
mento rodeada por todos, Margot se ha apartado 
á un lado (primer término) con Lily, y habla con 
ella, en cuanto Amparo ha entrado en la caseta. 



126 Cx. MARTÍNEZ SIERRA 

LILY 
Pero ¿ dónde has dejado á ese hombre ? 



Con angustia. 



MARGOT 
No lo sé.., hemos reñido... 

LILY 
¿Reñido?... ¿Cómo? 

MARGO/ 

Reñido para siempre... Me desprecia... se aver- 
güenza de mí... no sé, no sé... ¡Esta es mi última 
noche de Sevilla! 

LILY 

¿No te decía yo que no viniéramos? ¡Hija mía, 
estos hombres, en París, son nuestros, pero en su 
tierra... son de su tierra! 

Margot suspira: iodos los hombres se acercan á ella. 

SEÑORITO PRIMERO 
¡Qué seria está usté esta noche, Margot! 

MARGOT 

Sonriendo para disimular. 

¿Yo? ¡No, por cierto! 



M ARGOT 127 



SEÑORITO SEGUNDO 
Cante usté algo para animar la reunión. 



CANTAORA 

Argo de su tierra de usté, sí, señora. 

Después que Amparo ha entrado en la caseta, y du- 
rante el diálogo anterior, José Manuel ha entrado 
en escena. Viene muy turbado, y se queda solo 
entre las dos casetas, meditando profundamente : 
está juera, luchando entre su doble amor. Ha re- 
ñido con Margot y no se decide á entrar en la 
caseta donde está ella. Hasta que Amparo cauta 
no sabe que también Amparo está cerca de él. 
Cuando canta Margot, todo su instinto sensual y 
apasionado le arrastra hacia ella; todos los be- 
sos de Margot, que ésta evoca en su canción 
amorosa y parisiense, le encienden la sangre, y 
se convence á sí mismo de que no puede vivir 
sin ella; cuando después canta Amparo, toda el 
alma de su tierra tira de él, todo el encanto fres- 
co y apacible del amor de la novia le envuelve; 
pero vuelve á cantar Margot, y el fuego se en- 
ciende de nuevo, y vuelve á cantar Amparo, y 
vuelve á apaciguarse y á sentir el encanto de 
una ternura serena y honda; las dos terminan á 
un tiempo en una lamentación de amor dolorido, 
y él siente un remordimiento tocado de compa- 
sión hacia las dos mujeres y hacia sí mismo, y 
mientras ellas están cantando, como expresión 
del combate interior, recuerda él (cantándolas 
también) las palabras de la gitana: «Tú tienes 
el alma partía...» 



MÚSICA 
MARGOT 

¡Soy Margot! jSoy Margot! í Alma de París! 



128 g. MARTÍNEZ SIERRA 

JOSÉ MANUEL 

Volviéndose hacia ella con pasión. 
¡Oh, Margot! ¡Margot! 

MARGOT 

¡La noche trajo al amante, 
la noche se lo llevó! 
¡Collar de perlas formaban 
los mil besos que le dio...! 
¡Cómo rodaban las perlas 
cuando el hilo se rompió! 
¡La noche trajo al amante, 
la noche se lo llevó...! 
¡Ay, Margot, Margot, qué será de ti! 

JOSÉ MANUEL 

i Oh, Margot, Margot, tus besos son la llama de 
mi vida! 

AMPARO 

Cantando en la segunda caseta. 

jPa loítos ha sío 
día der Señó! 
¡Pa mí sólita ha sío er Jueves Santo 
Viernes de Pasión! 
¡Esto sí que es cosa grande! 
¡Hice un castillo de arena, 
y se lo ha llevao el aire! 



MARGOT Í29 



JOSÉ MANUEL 

¡Amparo!... ¡Dios mío! 

Tú tienes el alma partía 

lo mismo que granada abierta... 



MARGOT 

¡Por su amor diera la vida, 
mas él no se la pidió...! 
¡Sólo buscaba una risa, 
un beso y una canción! 
¡Cómo lloraba la risa 
cuando el beso se perdió!... 
¡La noche trajo al amante, 
¡la noche se lo llevó! 
f Ay, Margot, Margot, qué será de ti! 



JOSÉ MANUEL 

¡Ah, Margot, Margot... tus besos son la estrella 
de mi noche! 



AMPARO 

j'Al agua clara del río 
pregunté por tu querer! 

¡Qué tormento! 
¡Buscar la verdá en el agua, 
y el agua la mueve el viento...! 

Por mi fe, 
que de todas tus palabras, 
si una es verdá, no lo sé... 



130 G . MARTÍNEZ SIERRA 



¡Madre mía! 
I' Tiré el corazón al agua 
y el agua no lo cubría! 



JOSÉ MANUEL 

¡Amparo, Amparo, claro y sereno amanecer de 
amor! 

Tú tienes el alma partía 
lo mismo que granada abierta. 
¡Un amor te ha clavao una espina... 
otro amor ha yamao á tu puerta! 

Todos aplauden en la caseta de Margot. Se oye un 
momento el rumor inquietante de la jeria, con 
sonido de castañuelas y voces lejanas de co- 
plas. Pasan gentes con gritos y alegría por el 
paseo central. Al pasar por delante de José Ma- 
nuel se ríen un poco de su aire extraño, porque 
les parece que está borracho. En ejecto; /o»¡» 
Manuel se acerca á la caseta de Margot, va á 
entrar, vacila, retrocede, se acerca á la de Am- 
paro y vuelve á retroceder. En este momento sale 
de su caseta Amparo, seguida por Aljonsa, y 
le ve: él la Ve también y se acerca á ella; ella 
le rechaza ojendida. 



JOSÉ MANUEL 

Viendo salir á Amparo de la caseta y acercándose 
á ella. 



¡Amparo! 

c Quién? 
¡Ah!... fTú! 



AMPARO 

Reconociéndole. 



M ARGOT 131 



Con violencia y amargura, rechazándole. 

¡Estás aquí!... ¡Por ella!... [Con ella!... ¡Es verdad! 
¡Entonces es verdad! 

Con dolor. 

j'Con ella!... ¡Lo sabía, pero mi corazón no quería 
creerlo... ¡Ah! 



JOSÉ MANUEL 
Implorando, pero, en realidad, sin saber qué decirle. 

¡ Amparo . . . Amparo . . . ! 

AMPARO 

Con rencor. 

¡La quieres!... ¡La quieres más que á mí!... 

Con tristeza honda y rebelde. 

('Todo mi amor ha sido como un sueño, pues que 
todo tu amor era mentira! 

El quiere acercarse á ella y ella le rechaza. 
¡Déjame! ¡Déjame! 

JOSÉ MANUEL 
¡Tú no sabes,., tú no puedes saber...! 

\MPARO 

Con amargura rencorosa. 
¿Por qué este engaño? ¿Por qué esta afrenta? 



132 G. MARTÍNEZ SIERRA 

Con apasionamiento. 

Si la querías, si la esperabas, ¿por qué viniste ámí? 

Con dignidad dolida. 

¡Yo te he dado mi alma entera... yo te he dado mi 
vida! )' Pero á cambio de la tuya!... 

D olorosamente, como si hablase consigo misma. 

¡Pobre sueño mío... barca deshecha que se lleva 
el mar...! 

JOSÉ MANUEL 

Aturdido y sin acertar con la disculpa. 
i Yo creí que podía salvarme en ti... por ti...! 

AMPARO 

Con amargura y sarcasmo. 

c Salvarte?... ¿Tú... por mí? 

Con risa insultante. 
¡Ja, ja, ja! 

Con explosión. 

¡Fuera del amor no hay salvación! 

Con ironía. 

¡'Sálvate con ella, si tanto la quieres! 

Mordiendo las palabras. 

¡Habéis nacido el uno para el otro! 

Casi llorando. 
¡Ja, ja, ja! 



M ARGOT 133 



Se aparta violentamente. A Aljonsa, que está mi- 
rándolos muy compungida. 

¡Vamonos! 

JOSÉ MANUEL 

Con indecisión, pero queriendo detenerla. 
¡Amparo!... )' Escúchame!... 

AMPARO 
Con resolución y desprecio fingido. 

¡No tengo nada que escuchar, ni tú me tienes 
nada que decir! ¡Todo está dicho y todo ha termi- 
nado!... ¡Adiós! 

Sale por la izquierda como una reina, sin Volverse 
á mirarle. 

JOSÉ MANUEL 



Espera . . . espera . . . j* Amparo ! 



Sin atreverse á seguirla ante la actitud ojendida de 
ella, vuelve á primer término. 

¡Se fué! 

Como si hablase consigo mismo é interrogase á su 
destino, sin saber qué hacer ni adonde ir, since- 
rísimamente afligido, sin saber por cuál de las dos 
mujeres, en realidad por las dos, y sobre todo por 
sí mismo. 

Luz de mi vida, ¿dónde estás?... Estrella mía, ¿por 



134 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



dónde vas?... [Noche obscura, paloma herida, rosa 
tronchada, barca ¡perdida!... Estrella mía, ¿dónde 
estás?... Camino de mi vida, ¿por dónde vas? 

En este momento se hace súbitamente el obscuro en 
escena, porque se apagan todas las luces de la 
jeria, excepto una bombilla de cada barraca y al- 
gún que otro jarol en el paseo. Hay un momento 
de conjusión, que hace la orquesta. Las muje- 
res, sobre todo Margot y Lily, que no saben lo 
que sucede, gritan, haciéndose las asustadas. Los 
hombres las tranquilizan y se ríen, encendiendo 
cerillas y velas, que ponen dentro de farolillos Ve- 
necianos. De paso abrazan á la que encuentran 
más cerca, lo cual á ellas les da motivo para chi- 
llar más. 



HABLADO 
MUJERES 

Chillando y haciéndose las asustadas. 



¡Ay, ay, ay! 



¿Qué es esto? 
¿Qué pasa? 



MARGOT 



LILY 



SEÑORITO PRIMERO 



Nada, niñas, nada... tranquilizarse... Que con lo 
bien que lo estamos pasando se nos fué el tiempo 
sin sentir, y que ya es más de media noche, y que 
apagan las luces de la feria. 



MARGOT 135 



SEÑORITO SEGUNDO 
¡No asustarse! 

Abrazando á una de las flamencas. La flamenca 
le da un torniscón, con no demasiada saña, para 
salvar las apariencias. 



SEÑORITO TERCERO 

Abrazando á otra. 
¡No te apures, niña, que estoy yo aquí! 

LA OTRA FLAMENCA 

¡Eh, tú, guasón, que aunque nos haiigamos que- 
dao á oscuras, un sentío es la vista y otro es el tacto! 

MARGOT 
cQué hacemos? 

LILY 
C Dónde vamos? 

SEÑORITO PRIMERO 
¡Con usté, al fin del mundo! 

VOCES 
¡Luz, luz, luz! 



136 G. MARTÍNEZ SIERRA 



Todo esto lo han dicho rapidísimamente y hablan- 
do casi todos á un tiempo. Ya los hombres han 
encendido Varios jarolillos venecianos. Todos 
salen de la caseta y bajan al paseo; también 
de la caseta donde estuvo Amparo sale corriendo 
gente. El paseo se llena casi por completo. En 
este momento sale la luna, grande y encarnada, 
por el jondo. Todos gritan y palmotean, salu- 
dándola. 



VOCES 

¡La luna, la luna, la luna! ¡Mírala qué grande! 
¡Tié cara de payaso! ¡La luna, la luna! 

Todos cantan á un tiempo el estribillo popular. 

¡Luna, lunera, 
cascabelera... 
dame dos cuartos 
para pajuela! 
¡Aaaah! 



UNA VOZ 
¡Viva la luna! 

SEÑORITO PRIMERO 

Señoras y señores : ya que está el camino tan bien 
alumbrado, propongo que nos vayamos á otra par- 
te á seguir la juerga, porque sería lástima romper 
la reunión ahora que está la noche más bonita que 
nunca. fcHe dicho! 

Todos gritan y palmotean. 



M ARGOT 137 



TODOS 
¡Bravo, bravo! ¡Muy bien! 

SEÑORITO PRIMERO 
¡Pues en marcha! ¡Una, dos, tres! 

Salen todos los hombres con los jarolillos Venecia- 
nos; las mujeres les dan el brazo; todos tararean 
en coro, con voces ya un poco destempladas 
por el alcohol, un pasodoble. Cantando y mar- 
chando atraviesan la escena, y José Manuel 
se aparta á un lado para dejarlos pasar; nadie 
repara en él, pero Margot se ha quedado detrás 
de todos, y cuando todos han pasado se vuelve 
á mirar en derredor, buscando y esperando contra 
toda esperanza. Todos desaparecen con su can- 
tilena. Cuando todos han desaparecido, se oye á 
uno de ellos gritar dentro: ¡Viva la vida!, y á 
los demás que contestan con risas y carcajadas. 
Quedan solos y jrente á jrente Margot y José 
Manuel. La orquesta calla para que'' se oiga bien 
la primera parte del diálogo y vuelve á sonar 
cuando éste lo indica para que José Manuel y 
Margot terminen su escena cantando. 

UNA VOZ 

Dentro. 
('Viva la vida! 

Gritos y risas, dentro también. 

MARGOT 

Mirando en derredor y repitiendo tristemente el 
grito. 

¡Viva la vida! ¡Sí!... Cuando se tiene algo por qué 



138 G. MARTÍNEZ SIERRA 



Con desolación. 

¿Dónde voy yo ahora si ya nadie me espera en nin- 
guna parte? 

Viendo á José Manuel, que adelanta hacia ella. 

¡Ah! José Manuel... 

Con ironía doloroso. 

¿Dónde vas, hombre, dónde vas? 

El hace un gesto de desaliento. 

¿Tampoco tú lo sabes? ("Sí que estamos un par de 
fantasmas! 

Se ríe amargamente. 
¡Ja, ja, ja! 

JOSÉ MANUEL 

Con un poco de violencia. 
¡No te rías de mí tú también! 

MARGOT 

¿Yo también? 

Con amargura. 

Es decir que... la otra... se ha reído de ti antes 
que yo... 

Con violencia amarga. 

Ya ves tú cómo aunque á ti te dé tantísima ver- 
güenza el quererme... 



M ARGOT 139 



JOSÉ MANUEL 

Interrumpiéndola con protesta. 
¡Margot! 

MARGOT 

Insistiendo, con amargara. 

... Tantísima vergüenza... 

Mordiendo las palabras y haciendo esjuerzos des- 
esperados para no llorar, 

por ser... lo que soy..., no hay tanta diferencia 
de ser lo que soy... á ser... lo que es ella... Ya 
ves, ella una santa... y yo... bueno... yo... yo... 
yo, Margot... y las dos nos reímos de un hombre, 
¡de ti!... por lo mismo... (' porque las dos tenemos el 
alma hecha pedazos ipor la locura imbécil de que- 
rerte! 

JOSÉ MANUEL 

Con dulzura. 

Perdóname, Margot... No sé lo que te dije 
antes... cuando reñimos... perdóname... si te he 
ofendido ha sido sin querer... estaba loco... 

MARGOT 

Con amargura. 

¡Estabas cuerdo! 

Con pasión. 

La loca he sido yo... viniendo aquí á buscarte... 



140 g. MARTÍNEZ SIERRA 

Exaltándose cada vez más. 

aquí... á tu tierra... entre los tuyos. Yo no tengo á 
nadie... nunca he tenido á nadie; ¡por eso desde 
que te encontré lo has sido todo para mí!... pero 
ya me voy... /'no tengas miedo, que ya me voy!... 
por siempre... para siempre... 

Con desvarío. 

¡Mira qué solo está el camino... y qué ancho... y 
qué blanco de luna... como para ir a la felicidad...! 

Sordamente. 

pues por ese camino se irá Margot... y no volverá 
nunca, nunca... y luego... cuando ella se haya ido... 
vendrá la otra, ¡el ángel!... bajo el claro de luna... 

Con ironía dolorosísima. 

y tú serás feliz... no tengas miedo... ¡serás feliz! 



JOSÉ MANUEL 

Traspasado de amor y compasión hacia ella. 

¡Nunca seré feliz sin ti, Margot! 

i 

MARGOT 

Insultante á fuerza de dolor. 

(Harás muy mal!... No creas que tampoco voy yo 
á ser desgraciada... Ya ves... me querrán otros... 
¡me vengaré con otros que me quieran de lo que 
he padecido cuando yo quería! 



MARGOT U1 



JOSÉ MANUEL 

Con Violencia celosa, porque los celos duran más 
que el amor. 

¡No digas eso, no digas eso! 



MARGOT 

Sintiendo que á él le duele la herida, con ironía 
amarga é insultante. 

¡Hijo de mi vidal Soy pobre, no sé trabajar, y 
me he acostumbrado á ir vestida de seda... fio mis- 
mo que tú!... ¡Si me quisieras lo bastante vendrías 
á ser pobre conmigo... pero también tú tienes las 
manos demasiado blancas! 

Con extravío, sin saber apenas lo que dice, mez- 
clando la pasión con el insulto. 



¡Yo te he querido tanto!... pero, ¡bah!, has hecho 
bien He visto tu palacio. . . el que era tuyo antes. . . 
cuando eras rico... la portera le deja visitar por 
dinero... y volverá á ser tuyo si te casas con ella... 
¡has hecho bien!... y lo que tú dirás: fSobre las lo- 
sas blancas de ese patio... tan noble... no puede 
estar una mujer que ha vendido sus besos... ¡ya 
vendes tú los tuyos!... después de todo, ¡alguien 
se tiene siempre que vender! 



JOSÉ MANUEL 

Con violencia, dirigiéndose á ella 
¿Qué dices...? ¡Calla, calla! 



142 g. MARTÍNEZ SIERRA 



MARGOT 

Desafiúndole jríamente. 



¿Me vas á pegar? 



JOSÉ MANUEL 

Calmándose, con desaliento mortal. 

Perdóname... Soy un cobarde... soy un misera- 
ble... la vida es una cosa absurda, pero... ¡hay que 
vivir... tienes razón... hay que vivir! 

Se separan uno de otro. Margot se deja caer en una 
silla y esconde la cara entre las manos. Hay un 
silencio largo y angustioso. ^Aqut, y para dar la 
sensación de este silencio, vuelve á empezar la 
música, que ya no cesa hasta que ha caído el 
telón. Margot se levanta y, sin volver la cabe- 
za, dice. 

MÚSICA 

MARGOT 

t Adiós, José Manuel! 

JOSÉ MANUEL 

Sin mirarla tampoco. 
¡Adiós, Margot! 

Margot se dirige hacia el jondo. Cuando ya va á 
salir, él la llama con un grito apasionado. 

¡Margot! 

MARGOT 

Volviéndose desde el jondo, con suavidad doloroso. 

¿Qué me quieres? 



143 

MARGOT 



JOSÉ MANUEL 

Desconcertado, acercándose á ella. 

No lo sé... 

Con súbita explosión doloroso. 

¡Tú has sido la locura de mi vida...! 

MARGOT 

Apartándose. 

¡Adiós, José Manuel! 

JOSÉ MANUEL 

Con angustia, deteniéndola. 

jNo te vayas así!... Dame siquiera un beso... ¡el 
último! 

MARGOT 

Resistiendo dolorosamente , 
No, no... 

JOSÉ MANUEL 
¿Por qué, Margot, por qué? 

MARGOT 

Con llanto en la voz. 

¡Nunca te he dado un beso sin darte el alma 
en él! 



144 g. MARTÍNEZ SIERRA 



JOSÉ MANUEL 
Con juego, abrazándola y queriendo besarla. 
¡Y ahora, Margot..., y ahora!... 

MARGOT 

Con explosión de dolor. 

¡Ya no tengo alma!... ¡Deja... déjame! 

José Manuel no se aparta de ella. 

¡Adiós, José Manuel! 

Queriendo apartarse. 

JOSÉ MANUEL 

Como loco, estrechándola. 
¡Bésame! ¡Bésame! 

MARGOT 

¡Ay de mí! 

Desfalleciendo. 
¡Yo también soy cobarde!... 

Con desvarío, besándole. 
(Toma, toma, toma! 

Sin saber lo que dice~ 

cPor qué no me matas? <Por qué no me matas? 

JOSÉ MANUEL 
¡Oh, Margot!... ¿Qué dices..., Margot? 



M ARGOT 145 



MARGOT 
En delirio de amor, mientras él la abraza. 

¡Morir!... ¡Bajo la blanca luz de la luna!... ¡Mo- 
rir!... Ahora que estás aquí conmigo... ¡Morir!... 
¡Ahora que aún eres mío!... ¡Morir! ¡Morir! 

JOSÉ MANUEL 

Inclinándose sobre ella sugestionado y también me- 
dio loco. 

¡Veo temblar la luna en tus ojos de agua!... ¡Sí... 
tienes todo el cielo en los ojos!... ¿Lloras?... ¿Por 
qué lloras, Margot? 

Se oyen las Voces de los amigos que vuelven can- 
tando su pasodoble, más borachos que antes; se 
Van acercando poco á poco. 

MARGOT 

Separándose bruscamente, como si despertase al 
oírlos llegar. 

jAh! 

Declamando. 
Son los míos que vuelven... los míos... 

JOSÉ MANUEL 
¿Qué dices? 

MARGOT 

¡Los míos!... Van alegres... ¿ quién sabe?... bo- 
rrachos, ¿qué importa? Cantan... son el ruido... la 
risa... el placer... la locura. 

10 



146 



G. MARTÍNEZ SIERRA 



TODOS 
Llamando á Margot á compás de su pasadoble 
¡Margot! ¡Margot! ¡Margot! 



MARGOT 



¿Me llaman? 
fVoy, voy, voy! 



Con desvarío. 
Gritando. 



¿Dónde vas? 



JOSÉ MANUEL 



MARGOT 



Deteniéndola. 



Con ellos, con ellos... Tú no me quieres y ellos 
me llaman... soy como ellos... Margot es como 
ellos... ¡Margot está loca, Margot está loca, Mar- 
got está loca! 

Echa á correr desesperadamente y se une al grupo 
de borrachos, que en este momento entran en 
escena por el jondo. 



TODOS 

Rodeando á Margot, que parece perderse entre ellos. 

¡ Viva Margot! ¡Viva la vida! ¡Viva Margot! |¡ Viva! 
Viva! 



M ARGOT 147 



JOSÉ MANUEL 

Con lamentación apasionada. 
J Margot, locura mía, Margot! 

Se forma ana rueda, acentuándose el motivo del 
pasodoble, y todos rodean á Margot. En este mo- 
mento sale por la izquierda Alfonso y se acerca 
á José Manuel, que está en primer término. 

ALFONSA 

Hablando. 
Niño... niño... 



JOSÉ MANUEL 

Volviéndose casi con ira. 



cQué quieres tú? 



ALFONSA 

Suplicante. 

Niño... ven conmigo... si no vienes á la reja 
esta noche, aquélla se muere... ¡Por el amor de 
Dios!... ¡Ven á decirle que eres pa eya, sólo pa 
eya! ¡Aunque sea mentira! ¡Pero esta noche dile 
que la quieres, pa que pueda seguir viviendo! 

Le arrastra, y él se va con ella, mirando al grupo de 
Margot y los borrachos y suspirando. El gru- 
po de los borrachos, con Margot, viene entonces 
á primer término, y el motivo de la juerga se 
acentúa en confusión y estruendo de bacanal. Los 
señoritos traen botellas y farolillos; las mujeres, 
castañuelas; todos bailan, cantan, se ríen á un 
tiempo, quieren dar de beber á Margot. Lily está 
completamente desatada y abraza con efusión á 



148 g. MARTÍNEZ SIERRA 



los señoritos, al pintor, á las bailaoras; quiere 
bailar sevillanas, vacila, cae en una silla, se ríe 
como loca. Una de las bailaoras repiquetea ju- 
riosamente las castañuelas, otra rompe en verti- 
ginoso zapateado. 



VOCES DE TODOS 
fBaile, baile, baile! 

CANTAORA 

¡Yo me arrimé á un pino verde 
por ver si me consolaba!... 

VOCES 
¡Ole, ole, ole! 

LILY 

¡Yo bailo sevillanas, sevillanas, sevillanas de 
París! 

Baila y se cae. 

VOCES 

¡Ole París! ¡Ole Sevilla! ¡Vino, vino! ¡Ole, ole! 

SEÑORITO PRIMERO 

Ofreciendo una copa á Margot. 



¡Champagne, Margot! 



M ARGOT 149 



SEÑORITO SEGUNDO 
{ Manzanilla, Margat! 

VOCES 
¡Viva la vida! ¡Juerga, juerga! 

SEÑORITO PRIMERO 

¡Oh, Margot, es usted mucho más bonita que la 
luna! 

SEÑORITO SEGUNDO 

¡Muchísimo más, y más que el lucero de la ma- 
ñana... y que el sol! 

SEÑORITO PRIMERO 

Acercándose á Margot. 
¡Un beso en esa boca de clavel! 

MARGOT 

Levantándose bruscamente y rechazándole. 

¡Oh, no... besar, á nadie... no... no...! ¡Esta no- 
che, no! 

Empuja violentamente al señorito; él, como está 
borracho, no le da importancia al ampujón, y re> 
trocede. 



150 G. MARTÍNEZ SIERRA 



MARGOT 

Cantando con apasionamiento. 

¡Todos los besos que den mis labios 
ya nunca serán para él! 
¡Todos los besos que den mis labios 
serán de hiél! 

Con desolación. 

¡Margot, en una noche de fiesta hallaste el amor! 
¡ M argot, en una noche de fiesta perdiste el amor! 

Recordando con intensa melancolía su canción de 
antes. Con explosión apasionada. Con dolor infi- 
nito. 

¡La noche trajo al amante! 
¡La noche se lo llevó! 
¡Oh, Margot! ¡Oh, Margot! 
¡ Maldita sea la noche 
que mi corazón rompió! 

fOh, Margot! ¡Oh, Margot! 

. .... , 

Cae sollozando en una silla. Los demás, completa- 
mente borrachos, la rodean en una especie de 
farándula, bailando en torno suyo y cantando fu- 
riosamente su pasodoble, mientras cae el telón. 



FIN 



OBRAS DE G. MARTÍNEZ SIERRA 



VIDA Y DULZURA.— Comedia en tres actos. En colabo- 
ración con Santiago Rusiñol. (Teatro de la Comedia) . 

JUVENTUD, DIVINO TESORO...— Comedia en dos actos. 
(Teatro Lara). 

LA SOMBRA DEL PADRE.— Comedia en dos actos. 
(Teatro Lara). 

HECHIZO DE AMOR.— Comedia de polichinelas en un 
acto y dos cuadros. (Teatro Cervantes). 

EL AMA DE LA CASA.— Comedia en dos actos. (Tea. 
tro Lara). 

CANCIÓN DE CUNA.— Comedia en dos actos. (Teatro 
Lara) . 

PRIMAVERA EN OTOÑO.— Comedia en tres actos. 
(Teatro de la Princesa). 

EL PALACIO TRISTE. — Cuento fantástico en un acto. 
(Teatro de la Princesa) . 

LA SUERTE DE ISABELITA.— Comedia lírica en un 
acto y cinco cuadros, música de los maestros Giménez 
y Calleja. (Teatro de Apolo). 

LIRIO ENTRE ESPINAS.— Comedia en un acto. (Teatro 
de Apolo)). 

LA FAMILIA REAL.— Comedia lírica en dos actos y 
cinco cuadros, música de los maestros Giménez y Ca- 
lleja. (Teatro de Apolo). 

EL POBRECITO JUAN.— Comedia en un acto. (Teatro 
Lara) . 

MADAME PEPITA.— Comedia en tres actos. (Teatro de 
la Comedia). 

LA TIRANA. — Comedia lírica en dos actos, música del 
maestro Lleó. (Teatro Eslava). 

MAMA. — Comedia en tres actos. (Teatro de la Prin- 
cesa) . 



152 OBRAS DE G. MARTÍNEZ SIERRA 

SOLO PARA MUJERES.— Conferencia contra el amor, 
pronunciada poi una de sus víctimas. (Teatro de la 
Princesa) . 

MADRIGAL. — Comedia en dos actos. (Teatro Lara). 

EL ENAMORADO.— Paso de comedia. (Teatro de la 
Comedia) . 

LOS PASTORES. — Comedia en dos actos. (Teatro 
Lara). 

LAS GOLONDRINAS.— Drama lírico en tres actos, mú- 
sica de José María Usandizaga. (Teatro Price). 

LA MUJER DEL HÉROE.— Saínete en dos actos. (Tea- 
tro Lara). 
MARGOT. — Comedia lírica en tres actos. Música de 

Joaquín Turina. (Teatro de la Zarzuela.) 

LA PASIÓN. — Comedia en dos actos. (Teatro Lara.) 



TRADUCCIONES Y ARREGLOS 

EL ENFERMO CRÓNICO.— Comedia en un acto de 

Santiago Rusiñol. (Teatro Lara) . 
BUENA GENTE. -Comedia en cuatro actos de S. Ru- 
siñol. (Teatro de la Comedia). 
LA MENTIRA PIADOSA.— Comedia en tres actos de 

Francis de Croisset. (Teatro de la Comedia) 
LOS ABEJORROS.— Comedia en tres actos de Brieux. 

(Teatro de la Comedia) . 
TRIPLEPATTE. — Comedia en fcinco actos de Tristán 

Bernard. (Teatro de la Comedia). 
EL ARREGLO DE LA CASA.— Comedia en un acto 

de G. Courteline. (Teatro de la Comedia) . 
LA MADRE. — Comedia en cuatro actos de S. Rusiñol. 

(Teatro de la Princesa). 
EL HERMANO.— Comedia en un acto de A. Daudet, 

(Teatro Príncipe Alfonso) . 
CIGARRAS Y HORMIGAS.— Poema en un acto de 

Santiago Rusiñol (Teatro Príncipe Alfonso). 
LA SUERTE DEL MARIDO.— Comedia en un acto de 

Flers y Caillavet. (Teatro de la Comedia) . 
ALIVIO DE LUTO.— Comedia en un acto de S. Rusi- 
ñol. (Teatra Lara). 
EL REDENTOR. — Comedia en tres actos de S. Rusiñol. 

(Teatro Español). 
CABEZA DE ZANAHORIA.— Comedia en un acto de 

Jules Renard. (Teatro Lara). 
EL BUEN POLICÍA.— Saínete en un acto y tres cuadros 

de S. Rusiñol. (Teatro Cervantes) 
LA VIRGEN DEL MAR.— Cuadro poemático en un acto 

de S. Rusiñol. (Teatro de la Princesa). 
EL PATÍO AZUL.— Drama en dos actos de S, Rusiñol. 

(Teatro de la Princesa). 




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POVEDA- MADRID.